BUSCANDO EL COMÚN DENOMINADOR

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Les hago saber que el programa en el que participo me obligó a hacer 15 horas de servicio social. Lo hice en CentroNía en donde enseñé a adultos mayores, todos inmigrantes y residentes, a leer y escribir. En español. Más allá de comprobar mis nulas habilidades de enseñanza, me encontré con una experiencia esperanzadora. Este era un grupo de personas de más de 50 años intentando aprender, o al menos esa era la intención. Pasadas las dos horas de clase y esfuerzos titánicos para memorizar el abecedario, solían ir como un pequeño grupo a lo más parecido a una fonda. Estas personas no iban solo para aprender, estas eran personas que habían encontrado en esta clase un grupo de amigos. Todos latinos: de Honduras, El Salvador, Panamá, Perú y Guatemala, y a mí me tocó representar a México.

Mario, el director del programa, es un hombre de 40 años, delgado, moreno y narigón. Peruano y llegado a los Estados Unidos cuando tenía 25 años. Es psicólogo. Tiene un hijo de 16. Él comenzó todo el programa en el pórtico de su casa, cuando se dio cuenta que un par de chalanes hacían las cosas a medias. Al confrontarlos, confesaron no saber leer las instrucciones que él les dejaba.

“No hago esto con la intención de ganar (dinero). Lo hago por estas tardes de dominó y canciones viejas.(…) todos venimos de partes muy diferentes del mundo, pero al final no somos tan distintos.”

Imaginé de soundtrack “you may say I’m a dreamer, but I’m not the only one”, acompañado de muchas fotografías, entre ellas las de Martin Luther King Jr., Mahatma Gandhi, Albert Einstein, Anna Politkóvskaya, Bob Marley y Harvey Milk de fondo.

Teniendo el día de acción de gracias tan próximo, las festividades navideñas, el año nuevo y en general un tiempo acostumbrado para la reflexión, ¿por qué no buscamos excusas para vernos y jugar dominó?

MIGUEL AGÚNDEZ R.
miguel.agundezro@gmail.com