Esta es mi columna inicial del semestre y de alguna manera se siente como la primera de mi vida. La llegada de un año diferente siempre trae consigo esa misma sensación: hacer todo por primera vez.
Nos llenamos de propósitos, pedimos los 12 deseos de regla, prometemos que éste será el semestre en que nos volveremos estrellas, en que dejaremos de tomar, fumar, salir tanto y de azotarnos por el pasado; este año prometemos ir al gimnasio, acabar con nuestros malos hábitos y así convertirnos en los hombres y mujeres que siempre hemos querido.
Entre los rituales, la cena, los deseos, las uvas, los abrazos y los mensajes vía WhatsApp, el año nuevo llegó mucho antes de lo que esperábamos. Ya es 2015 y aún no me acostumbro a escribir correctamente la fecha. ¿Un año nuevo trae otro comienzo?, ¿éste se da ahora o hasta dentro de 365 días? Supongo que la respuesta sería: depende.
Por alguna razón y aunque en teoría nada de importante tiene, admito que soy una víctima más del "síndrome de año nuevo". El primer amanecer, la primera comida, la primera columna, la primera peda, el primer día de clases. Me gusta vivirlo todo por primera vez, aunque no sea la primera y aunque tenga que esperar 365 días para repetir la sensación. El año nuevo siempre me da esperanza, no sé bien de qué; tal vez de que este año resulte mejor que el pasado, que pueda cumplir lo que no pude en 2014, que mis deseos se cumplan y encontrar lo que sea que estoy buscando. En cierta forma el año nuevo nos da una única oportunidad en el año: borrón y cuenta nueva.
Tal vez tendríamos que empezar por entender que las oportunidades llegan con el sol, todos los días y ese “borrón”, que tanto me emociona, en realidad jamás ocurre porque somos el acumulado de toda nuestra historia y todos nuestros años. A ustedes les deseo –como dijo una amiga- que sus problemas este año duren tanto como sus propósitos, que alcancen lo que persiguen y que lo intenten todos los días… como si fuera 1ro de enero.
FERNANDA SORIA C.
maria.soriacs@udlap.mx
