
Hace más frío de lo que marca el termómetro digital del automóvil. Con apenas seis grados y acostumbrada a los insomnios decembrinos, la semana de mediados de enero conduce por la Recta A Cholula con ganas de dormir media hora más. Ya no se puede dar el lujo de despertarse después de las diez.
Mientras bosteza, los enooooooooormes espectaculares que alaban a los dioses aztecas desde lo alto –como si de verdad fueran los de Tenochtitlán-, la hacen pensar que quizá su destino es el correcto. Se siente fuerte, segura. La publicidad la encamina.
Iniciar un nuevo semestre en la tercera mejor universidad del país, de acuerdo con el ranking del diario El Universal, la deja perpleja ¡Wow!-. Mira el reloj: son ocho treinta y seis.
—Voy con tiempo— se dice a sí misma la semana de enero.
Deberá bajar el puente de la UDLAP para darse cuenta de que el acceso, por el ingreso principal, está cerrado. Habrá pasado por alto el correo institucional que advierte los trabajos de renovación del circuito vial que recorre todo el campus.
«ACCESO CERRADO. Del 14 de enero al 5 de febrero» se logra apreciar en una pancarta diviiiiiiiiiinamente diseñada. La imagen de la Universidad parece seguir intacta: mismos colores pantone, misma tipografía, misma fachada. Dentro: obras de pavimentación.
— ¿Por qué demonios ahora? ¿No pudieron aprovechar las vacaciones para dedicarse al tramo que da entrada por la avenida Universidad de las Américas Puebla?— se pregunta.
Pega un manotazo al volante para después girarlo y dirigirse a la puerta de Camino Real. El Periférico también se presenta en «ruinas» que, después de un tiempo, terminarán siendo legados de concreto blanquiazul con slogans perfectísimos de «Transformando Puebla», como el de la pancarta que la semana de enero vislumbró en el acceso frontal del campus… con su Udlap Sans y toda la cosa.
— ¿Cualquier parecido es mera coincidencia?— se interroga. No importa el micro o el macrocosmos. Sabe que hoy las agendas políticas en México tienden a ser espectacularmente espectaculares. Que un tipo de letra vende más que un completo plan de estudios. Que las calles sin baches ni cuarteaduras son el eje central. Que un metro cuadrado de buen chapopote dice más que la calidad de quienes imparten las materias. Que mientras todo esté bonito, lo feo, tambián es bonito. Que el problema no se ataca de raíz sino que se le suministra Next para el resfriado.
¿Quién terminará primero sus cometidos hidráulicamente superficiales? Con «superficiales», la semana de enero hace referencia a que tienen que ver con la superficie –¡no confundir!-.
Mientras se cuestiona, el tráfico ya le ha hecho perder cinco minutos. Son las ocho cuarenta y cinco.
Y mientras entra a la UDLAP presumiendo su SAU 2015 –haciendo gala del sticker vehicular, luego de un burocrático proceso, cargado de trámites y papeleo- reconoce también que las grandes obras necesitan verse más y conocerse menos. Infiere, pues, que la pavimentación del paso principal en épocas de auge estudiantil culminará con su objetivo: el boca a boca. Los alumnos y cualquiera que pase por ahí deberá notar los 17 millones invertidos.
La semana de enero llegará a su respectivo salón y escuchará decir: «Están poniendo asfalto nuevo. Por eso nos desvían a las puertas alternas».
Otra compañera le seguirá: «Yo ya lo sabía. Ayer que pasó mi mamá también vio ese letrero. Dice que va a quedar muy padre».
Entonces, la semana de enero se siente excluida, incomprendida.
Son nueve y cuatro. La clase empezaba a las nueve. Ya dieron las nueve y veinte. Nada. Nueve cuarenta y ni rastro de la profesora.
—Seguro que no llega por lo de la remodelación del suelo— afirma la misma que abrió el debate.
La maestra no arribará… pero eso, ¿quién lo va a saber? Lo que sí se conoce es que tendremos circuito nuevo en una de las mejores universidades de México… ¿qué no?
WILLY BUDIB
guillermo.budibhe@udlap.mx