EL MISTERIOSO ASUNTO DE LOS NO DATOS DUROS

El enmarcado fotográfico con la imagen de la Capilla Real cholulteca, regalo de dos exalumnas, brinda a la oficina un aire acogedor. Un ventanal, al fondo, deja entrever una atmósfera externa más ajetreada que la pasividad de las palabras que emanan del cubículo de tres por cuatro metros cuadrados. La labia que de ahí procede advierte un amor por el diálogo. En su oficina, aquella voz apenas se ha destapado.

Es casi un huérfano de la sociología, de quien recibió primeras formaciones en la licenciatura por la Universidad Autónoma de México, luego de que su generación viviera importantes trances mundiales: la caída del muro de Berlín, el fin de la Unión Soviética… «Entonces la política se puso en el centro de todo», narra.

Los anteojos que porta por un problema de astigmatismo lo colocan en el canon de la intelectualidad aunque, en realidad, no es su falla oftalmológica la que lo adjetiva como ilustrado. La charla, envuelta en capas de conocimiento extraídas con pinzas de sutileza pretende compartir y reflexionar: «Hay políticos cínicos pero simpáticos. Otros sólo son cínicos».

El análisis que Víctor Manuel Reynoso Angulo hace sobre el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a Los Pinos tiene que ver con la situación de los partidos rivales. Tanto el Partido Acción Nacional (PAN) como el Partido de la Revolución Democrática (PRD) presentaban, en vísperas de las pasadas elecciones federales, una imagen deteriorada. La presencia del partido tricolor en los estados también indica que «el PRI nunca se fue».

En la charla, que se detiene en la observación del actual priato como institución, Víctor propone un panorama que abre las puertas tanto al nuevo como al viejo PRI. El regreso del partido hacia la dependencia del presidente de la república es síntoma de resfriado institucional. Un olor añejo aparece con la ausencia de ejes que no están en la agenda del ejecutivo y que sí están en la agenda del país: la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción. Para el docente, estos tópicos, son asuntos con los que los priístas aún se muestran incómodos.

La pestilencia, en barricas de más de ochenta años, vuelve a destaparse cuando la idea de utilizar cargos públicos como propiedad privada es presidida por la mentalidad de algunos en el Revolucionario Institucional. Aunque Reynoso aclara que dicha práctica no es exclusiva de este partido, sí es verdad que la administración pública para el priísmo significa, en muchas ocasiones, beneficios.

Por su parte, las reformas impulsadas por el mandato peñanietista no se presentan como electoreras, puesto que muchas de ellas son antipopulares. Víctor gusta de sustentar sus respuestas y enumera, pensativo, varios ejemplos que justifican lo señalado: la reforma política, que habla de reelecciones inmediatas, no es ampliamente apoyada; tampoco tiene soporte la reforma energética, que tiene como bandera la aceptación de capital privado. Lo significativo para el catedrático tiene su fundamento en el propósito intrínseco de las reformas: «Las partes más importantes de las reformas acaban con el nacionalismo revolucionario que creía en el monopolio estatal de Pemex, de energía eléctrica y de no reelección». Esto refleja la intención del actual presidente por acabar con el priísmo clásico.

 Willy Budib

guillermo.budibhe@udlap.mx