PUENTELÓPOLIS

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Seguimos con desviaciones por aquí y calles semiabiertas por allá, pero sobre todo con una cantidad de puentes neonatos por toda la ciudad que parece que nos acercamos, al fin, a la modernidad. Pero la realidad es otra, puentes que tienen la inclinación al revés, o que pretendían aligerar el tráfico pero que terminan en el semáforo. Y así parece que el ton ni son continúa, ahora hacia las alturas.

Tal vez pronto dejaremos atrás el nombre de la Angelópolis, nos dejaremos lavar el cerebro con ideas del avance con las grandes construcciones y el increíblemente efectivo transporte público y podremos aplaudir la gran inversión del dinero público. Por lo pronto sólo puedo escuchar justificaciones sobre que el tráfico se debe en gran medida a las remodelaciones de otros tramos.

Aun así, bajo del nuevo puente sobre el retorno de la Recta y termino en el embudo eterno de las pequeñas calles «coloniales» de Cholula, es como pasar a una realidad alterna. Y me encuentro con vialidades pequeñas y semáforos por todos lados, tráfico y gente gandalla que no entiende que «más ayuda el que no estorba». En vez de agilizar el tráfico con 1×1 en las zonas de mayor atasque, manejamos demasiado cerca del auto de adelante generando accidentes que ralentizan aún más el flujo vehicular.

Y testarudos vamos pegados al cuadril de enfrente arreados en los discursos políticos, en vez de cuestionar por un momento la situación y ver que por ahí no van las cosas. Y a menos que construyamos calles al estilo Guanajuato, las pobres vialidades actuales no soportarán, ni soportan la sobrepoblación automovilística, que ya existe y para la que no parece que se busquen alternativas.

REBECA MORA C.

rebeca.moracs@udlap.mx