Sucede algo muy curioso en México, al voto se le tiene como un dogma incuestionable en la religión conocida como la democracia electoral. Durante unos meses, los votantes son lo más importante de este mundo; pero pasado este fugaz y repetitivo romance, viene la cruda realidad y los votantes vuelven a su lugar en la obscuridad. Tanto porque no existen los mecanismos legales para permitir la participación ciudadana, como también porque, aceptémoslo, la sociedad no lo busca y no lo exige; y aún cuando de vez en cuando lo hace, no es de forma efectiva a través de marchas, pancartas y tendencias en redes sociales, medios no institucionales.
Hay materia suficiente para afirmar que a los ciudadanos se les permite participar eligiendo a sus portavoces, pero no vigilar y exigir a sus representantes, dejando así el voto como un trámite de cada tres años que pareciera un pase libre para que los funcionarios públicos actúen a discreción.
Diputados locales y federales no tienen obligación alguna de consultar a sus electores sobre la agenda a promover, tampoco tienen la obligación de dar explicaciones sobre el sentido de sus decisiones al interior del Congreso. ¿Qué pasa si un diputado recibe una solicitud de uno o varios ciudadanos y decide no contestar? Absolutamente nada.
Otro ejemplo, los ciudadanos no tienen la facultad de combatir la constitucionalidad de una ley, a través de las acciones de inconstitucionalidad, ya que la promoción de estas queda reservada a los partidos políticos y funcionarios públicos.
Un último ejemplo, de muchos que podrían mencionarse, la ciudadanía elige a un Presidente Municipal (o Jefe Delegacional, por aquello de los «chapulines») y a un año de concluir su gestión, éste decide solicitar licencia para buscar «saltar» a otro puesto público y deja el encargo a su segundo al mando; ¿y a él quién lo eligió?, ¿en qué momento se nos pregunta si estamos de acuerdo con la nueva dirigencia?
Podemos concluir que es muy curiosa la democracia mexicana, en donde, al parecer, se venera al voto pero no a los votantes.
RUBÉN ALVAREZ E.
ruben.alvarezer@udlap.mx
