Un Silencio Ensordecedor

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Desde hace un mes, la mirada de la comunidad internacional está fija en Argentina tras la muerte del fiscal Alberto Nisman. El aparente suicidio del fiscal se suscitó apenas cuatro días después de que éste denunciara a la Presidenta Cristina Fernández del encubrimiento de terroristas iraníes presuntamente responsables de un ataque a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). Desde el momento en que su muerte fue a dada a conocer por los medios, gran parte de la sociedad argentina, entre ellos más fiscales y jueces, han denunciado la muerte de Nisman como un asesinato o suicidio forzado, a pesar de la falta de pruebas forenses.

Mientras que hasta el momento es imposible confirmar la verdad de lo sucedido, es importante dirigir nuestra atención a las reacciones del pueblo argentino en comparación a las nuestras.

Vale la pena preguntarnos cómo es posible que una sola muerte tenga tanto peso en países como Argentina, cuando en México hay estados con un índice de 200 homicidios en lo que va del año. Mientras que un país entero reclama por la muerte de un fiscal, presuntamente, por denunciar al gobierno, nosotros vivimos en uno en que los periodistas desaparecen cada semana en estados como Veracruz, simplemente por reportar los hechos.

Vivimos en un país que gritó enfurecido por primera vez en mucho tiempo cuando 43 estudiantes desaparecieron, y que cinco meses después se ha olvidado de ellos y de los otros cientos que aparecieron en fosas clandestinas durante su búsqueda. Vivimos en un país donde nadie se sorprende por la culpabilidad y corrupción de los políticos, donde creemos que igual te puede secuestrar un criminal que un policía, donde un caso como el de Nisman pasaría desapercibido, como tantos otros. Vivimos en un país donde la costumbre ha convertido a la violencia en algo cotidiano.

La ironía se encuentra en que la marcha realizada el 19 de febrero en honor a Nisman se haya titulado La Marcha del Silencio, donde miles de argentinos alzaron la voz caminando en silencio en la lluvia, para reclamar por lo sucedido. Si el silencio es reclamo, tal vez lo que pasa es que los mexicanos llevamos años ya protestando en silencio. Callados, todos. Tal vez, un poco demasiado callados.

Sofía Marlasca Couoh

sofia.marlascach@udlap.mx