Últimamente pareciera que las mujeres, en vez de ayudarnos, preferimos agredirnos las unas a las otras. Solemos —refirién- dome a las mujeres como un conjunto— atacar a otras mujeres, usualmente por razones menos personales y más relacionadas a cuestiones superficiales, e incluso por asuntos que tienen que ver con el machismo.
Sucede que desde que somos pequeñas nos han criado de tal manera que vemos a las demás mujeres como competencia (en la sociedad sexista en la que vivimos, es competencia para conquistar a un hombre). Si ella es más bonita, más inteligente o tiene más “pegue”, simplemente nos sentimos intimidadas. Y al revés: si ella es “fea”, “no se sabe vestir” o “nadie la pela”, nos sentimos mejores.
Me ha tocado escuchar varias veces a chicas refiriéndose a otras —que a veces ni conocen personalmente— como “una cualquiera”, por que son “promiscuas”, disfrutan ir al antro e ir de compras. No hay absolutamente nada de malo en ninguna de estas cosas: este tipo de gustos no te impiden tener pasiones y éxito, y tampoco te definen como persona, así como leer en lugar de ir a fiestas no te convierte automáticamente en alguien “superior”.
Quiero enfatizar que los insultos que critican la sexualidad de una mujer provienen de este pensamiento machista de que las mujeres deben ser “puras”. Sin embargo, hay que reconocer que el valor de una mujer no está en su sexualidad, y que al insultar a una mujer de tal manera, te vuelves parte de este círculo vicioso de odio y prejuicios.
Escribiendo estas líneas no estoy sugiriendo que todas las chicas van a dejar de hablar mal entre sí: conflictos personales los hay, y no es esto a lo que me quiero referir. Solamente me gustaría que la próxima vez que conozcas a otra chica y tengas estos pensamientos, reflexiones si de verdad vienen de una cuestión personal o si estás recurriendo a ideas machistas impuestas por la sociedad.
Propongo algo mejor: no veamos a las demás chicas como competencia desde el principio, sino como posibles aliadas o ami- gas. Luchar contra los prejuicios con los que crecimos no es fácil, pero una vez que empieces, serás más feliz y tendrás muchas más amistades invaluables.
Rebeca Ruiz M.
Rebeca.ruizml@udlap.mx
