En contextos y momentos dispersos durante días recientes, he escuchado versar repetidamente discusiones acerca de la situación de los migrantes de nuestro país en escenarios estadounidenses, y de las calamidades o virtudes del acto de migrar. Algunas de estas discusiones tomaron vuelo desde los anunciados intentos durante el año pasado de lograr una reforma migratoria; algunas otras se retomaron a partir del polemizado discurso de aquel director mexicano recién galardonado. Lo cierto es que sin importar los motivos que la posicionen de nuevo en la agenda cotidiana, la discusión existe y permanece como un tema de interés y motivo de numerosos estudios académicos, intervenciones artísticas y disciplinas aplicadas.
Antes de pensar en el acto de migrar y las posibles motivaciones o implicaciones de moverse dentro y fuera de límites territoriales, pienso primero en la existencia justamente de estos límites que determinan el inicio y fin de un territorio. El acto de migrar tiene un significado implícito que le da sentido al concepto, sea respecto a desplazamientos humanos de principios de era o sean desplazamientos actuales, la idea de cambio de territorio en sus respectivas perspectivas. Movimientos colectivos, movimientos individuales, movimientos que toman parte desde de una territorialidad construida hacia otra más.
Las migraciones hoy en día representan un proceso universalizado de trámites fronterizos y leyes internacionales. Eso reduce a un migrante a la posibilidad de pertenecer a dos modalidades: legal o ilegal. El primero, es un viajero y el otro, es un delincuente.
Reconocernos como seres sujetos a un precepto político y geográfico “universal” (es decir, ese mapa del mundo que nuestra mente reproduce como si fuera el referente único de cómo se ve el mundo) implica en cierta medida reconocer preceptos construidos que determinan dónde empieza y termina un territorio, lo que los estructuralistas llaman la estética del orden de las cosas; categorías que resultan inteligibles en nuestro discurso y por lo tanto aprehensibles. Admitir esa parte de nuestras categorías, quizá nos permita reconocer la versatilidad de las mismas.
Lexis reyes c.
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