A través de las columnas que en este espacio he publicado, una cosa he tratado de resaltar: nada es natural en el andar. Lo que vemos, cómo lo entendemos, nuestras clasificaciones y categorías; todo es parte de una construcción social a la que estamos sujetos. Unas cosas son validadas y otras no, unas son ponderadas y otras ignoradas. Como último tema para este semestre, quiero reflexionar un rato sobre la manera en que conocemos y reconocemos nuestro cuerpo.
La noción del cuerpo humano forma parte importante de la construcción del pensamiento y perspectiva cultural específica dentro de una civilización. Por ejemplo, las perforaciones en la oreja. Dentro de la cultura occidental moderna, horadar las orejas a las mujeres se realiza, prácticamente, acto seguido al corte del cordón umbilical. Asimismo, para los varones también es una práctica común (aunque con menos años de abierta aceptación moral en la sociedad). Los orígenes de las perforaciones en la oreja, sin embargo, se remontan a las civilizaciones antiguas; babilónicos y egipcios. En los registros bíblicos, incluso se hace una mención específica de esta práctica: determinaba el derecho de propiedad sobre un esclavo. En un caso satisface la estética común y en otro se busca marcar una transición de estatus y la diferenciación de clases sociales.
El cuerpo, en sus variantes sexuadas biológicamente dicotómicas, es teóricamente el mismo para toda la humanidad (puesto que todos pertenecemos a la misma especie Homo Sapiens Sapiens). No obstante, la cultura en este sentido funge como una herramienta delimitadora que presenta el campo de las posibles acciones a realizar. Es decir, una persona va a tratar de modificar e idealizar su cuerpo conforme al pensamiento colectivo al que pertenece. Respecto al ejemplo de las perforaciones en las orejas, a pesar de tratarse de civilizaciones radicalmente separadas en tiempo y espacio, hago una oposición de pensamientos con el fin de evidenciar la relatividad de conceptos complejos como belleza, santidad y sentido de pertenencia. Estos conceptos están relacionados con factores ontológicos específicos en cada sociedad. Con esto intento decir que lo que entendemos al ver, vestir y cuidar nuestro cuerpo está más relacionado por nuestro entendimiento cultural de él, que por una cuestión biológica. Insisto, nada hay natural en nuestro andar.
ALEXIS REYES C.
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