NO PODEMOS HACERNOS SORDOS

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Nadie, ni siquiera aquellos reconocidos como grandes artistas, está exento.”

Me gustaría poder acabar la columna de este semestre hablando de lo mucho que ha significado para mi, o diciendo como espero que les haya gustado, o simplemente deseándoles unas felices vacaciones. Me encantaría. Sin embargo, para una columna en la que he intentado hablar de problemas con falta de atención en el mundo, no puedo. No puedo porque todavía hay demasiados problemas, demasiado dolor y un pensamiento positivo no alcanza.

En Estados Unidos hay protestas otra vez. En esta ocasión, no es Ferguson, sino Baltimore, donde la gente de color se está revelando contra la brutalidad policial. Sin embargo, el cambio de escenario no significa un cambio en la actitud de los medios, que poco o nada han cubierto los hechos y cuando lo han hecho, ha sido para demonizar a los manifestantes como violentos. Sí, ha habido percances, pero poner el daño a la propiedad privada por encima de la muerte de numerosos hombres desarmados a manos de la policía es inaudito.

Y lo peor es que creemos que no nos corresponde estar informados porque “no nos afecta”. Es muy lejano. Sin embargo, no estamos exentos de los efectos de esta mentalidad.

Hace una semana en una entrevista, Robert Downey Jr. respondió a los comentarios del director mexicano Alejandro González Iñárritu, sobre el efecto cultural negativo de las películas de superhéroes con: “para alguien cuyo primer idioma es el español, el poder poner junto el término genocidio cultural ya lo hace brillante”. Sí, tristemente, el actor estadounidense utilizó el lenguaje y raza de Iñárritu como denigrante para restar importancia a la opinión del ganador del Oscar. Este es el mundo en el que vivimos y nadie, ni siquiera aquellos reconocidos como grandes artistas, está exento.

Y para aquellos que todavía no crean que esto es relevante, para quienes consideran que el racismo es algo lejano, de los tiempos de la Colonia. Díganme: ¿cuándo fue la última vez que una protagonista en una película mexicana no era rubia o de piel blanca o de ojo azul?

Con ese pensamiento los dejo para el verano, con esperanzas de que todos abramos los ojos a una realidad más cercana de lo que muchas veces pensamos. Con la verdadera intención de que esas partes más oscuras de nuestra realidad nos hagan abrir los ojos en lugar de caer en Oídos Sordos.

SOFÍA MARLASCA C.
sofia.marlascach@udlap.mx