Tenemos un chip defectuoso al nacer: La creencia de que el amor debería ser perfecto. No sé de dónde viene la idea, pero sé que existe y que ha vivido conmigo la mayor parte de mi tiempo en el mundo. La vida, por su parte, me ha hecho entender por la buena, por la mala, y por la peor, lo equivocada que estoy. Hoy, creo que un día a la vez es suficiente; el amor es una construcción, no una manufactura.
Sabemos esto y nos vale m… . Lo queremos todo y de la mejor calidad, queremos al amor en paquete, sin costo, con entrega inmediata a domicilio, mariposas incluidas, y sin fe- cha de caducidad. No necesito decirles que así no funciona aunque así lo queramos. En mi experiencia, nunca nada ha sido como se supone que “debería”, incluyendo mis fracasos cuando creí haber encontrado al amor de mi vida.
No creo que el amor sea amor sólo por ser oficial, no creo en los formalismos, en los títulos, en los anillos de compro- miso, el matrimonio, ni en las fotos de Facebook en las que la gente se jura fidelidad eterna como la única manera de cons- truir relaciones, darles validez, y hacerlas durar.
Irónicamente la mejor relación que tuve en el pasado, no fue una relación, porque en el terreno de las pautas sociales nunca cruzamos la línea de “ser sólo amigos”, pero fuimos mucho más que eso. Si la disfruté tanto, fue porque las eti- quetas, los futuros y las promesas sobraban, estábamos rom- piendo las reglas y fue emocionante. El presente mientras duró nos fue suficiente… claro que después quise más, más de lo que él estuvo dispuesto a darme.
La experiencia me ayudó a entender que el amor no es una receta, y por sí mismo, es lo suficientemente especial como para tener la obligación de adornarlo. Muchos años después de mi amigo con derechos de la prepa, encontré el amor exac- tamente de la misma manera… sin prometerle el mañana pero dándole mi hoy. Y por hoy, eso es suficiente, por ser lo único que tengo, y aunque no es perfecto, no deja de ser amor.
La vida ya es suficientemente dura, si me lo preguntan creo que si siguiera empeñada con los formalismos impues- tos, nunca me hubiera dado la oportunidad de encontrar el amor literalmente a nueve yardas de mi casa. Las relaciones no necesitan burocracias.
Fernanda Soria C.
maria.soriacs@udlap.mx
