El animal como un ser sagrado

“Hay animales buenos para pensar y hay animales buenos para comer”, señala, citando al antropólogo Claude Lévi-Strauss, Laurence Le Bouhellec Guyomar, profesora de tiempo completo del Departamento de Letras, Humanidades e Historia del Arte. Esta frase encierra la percepción primitiva que se tenía del animal como un ser sagrado. “Esto se veía de forma clara en el mundo prehispánico, en donde los dioses no se aparecían de forma directa al hombre sino bajo un nahual, es decir, mediante un disfraz de algún animal. El animal, por sus sentidos más desarrollados que los del hombre, se convierte en un intermedia- rio privilegiado con sus dioses”, indica la especialista.

La influencia del animal dentro del campo artístico del mundo primitivo era muy vasta. Como apunta Le Bouhellec Guyomar: “el hombre, lo que en el arte se conoce como el campo antropomór- fico, es el menos representado”, dice la profesora. Lo anterior lo explica por la relación que mantenía el hombre con el mundo exterior, la cual no lo hacía sentir superior. “Otra explicación es que el hombre primitivo era consciente de su finitud. Es decir, se consideraba un ser vivo que, puntualmente sabe menos que un animal, lo cual da como resultado el pensa- miento chamánico”.

Tuvieron que pasar muchos siglos para que se produjera un punto de inflexión en la concepción primitiva que se tenía del animal y del mundo exterior. “Históricamente, fue en la Antigua Grecia donde se da un giro antropomórfico. Este giro se encuentra representado en la frase enunciada por Protágoras: ‘El hombre como medida de cualquier cosa’”, comenta Le Bouhellec. “En este contexto, el hombre se piensa un ser privilegiado y superior a los demás. En el cual convierte al animal en un medio para un fin, es decir, se pierde el respeto por el animal. Estamos en un mundo de cabeza en donde el hombre ha hecho del animal un ser inferior”, finaliza.

Alan Milla Raffoul

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