Entre tambores, sonidos del caracol y la frase “amo el canto del Zentzontle”, da inicio la puesta en escena La leyenda de los vol- canes. Aprovechando los festejos patrios, el Equipo Representa- tivo Cultural Zentzontle transporta a los espectadores a la antigua ciudad de Tenochtitlan, para revivir la mística historia de la unión de un guerrero y su amada princesa, recordando que su amor ha trascendido más allá del tiempo mismo.
El majestuoso vestuario con exóticas plumas, pieles de diver- sos animales y colores radiantes, además de la música en vivo que eriza la piel y pone los pelos de punta, dan comienzo a la danza de unas bellas doncellas practicando su baile a los dioses. Mázatl, un joven guerrero, espía entre los rincones, quedando flechado por una de las doncellas. El sacerdote del rey, conocido como Gran Se- ñor, descubre a Mázatl y, sin dudarlo dos veces, le cuenta lo que el destino les depara; la doncella de la cual se ha enamorado es la princesa Xochiquetzal, hija del rey Ahuizotl, y han sido elegidos por los dioses, ya que su unión traerá la paz a su tierra.
Un gran regalo va acompañado de un gran sacrificio y Mázatl, el guerrero más fiero, se prepara para la batalla y así terminar con 15 años de luchas sangrientas. Si lograba su misión, el imperio mexica tendría el control de las tribus del sur y el rey le daría la mano de la princesa.
Los tambores de guerra resuenan y, a pesar de que las tropas del rey son superadas tres a uno, el guerrero Mázatl lucha valerosa- mente, siempre acompañado de los dioses. La noticia de que este audaz guerrero ha perdido la vida en el campo de batalla llega a oídos de la princesa, quien intenta discernir si vale la pena seguir viviendo sin su amado.
Atravesando su corazón con una daga, la princesa se quita la vida, pensando que así podría estar con aquel que amaba.
A su regreso triunfal, Mázatl es traicionado por el príncipe de Tlaxcala y queda herido de muerte. A pesar de estar devastado por la muerte de su amada, Mázatl lleva el cuerpo de la princesa hacia las afueras de la ciudad, moribundo. Al día siguiente, se ve en Tenochtitlan un paisaje inesperado: dos grandes volcanes cubiertos de un manto blanco de nieve, Iztaccíhuatl y Popocatépetl. Entre aplausos y ovaciones, los actores, bajo la dirección de Isaac Terán, agradecen al público y se felicitan unos a otros, satisfechos por el buen recibimiento de su puesta en escena.
Viola de Léon
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