Chirrín y la celda 18

Porque la pobreza es de todos, locos y sensatos; porque la pobreza no es destino, cuando sí desprovista de razón. Y cuando una lágrima de polvo arremete contra el nada tener, de polvo mismo nos llena- mos, resanamos los espacios vacíos (de hambre e ilusiones) mediante zozobras de supervivencia, sin voluntad, jamás queriéndolo hacer de ese modo. Pero a veces se presenta la oportunidad de sujetarse férrea- mente a los días mediante una inesperada e insignificante esperanza que no tiene explicación más lógica que la de simplemente haber ocu- rrido. El mundo asemeja por instantes a una arrinconada vecindad, como en la que habita el lorito Chirrín, una simpática avecilla y casi única esperanza de una gente agotada de trabajar con escaso reposo, pero eterna deuda insufrible de pagar. Esta mascota se convertirá en la más inocente víctima de una circunstancia que hace la tonta, de ciega y sorda para con quien menos debería proyectar hostilidad, en una vida que por sí misma es ya sollozada.

Un buen lector no debería jamás menospreciar el poder comu- nicativo de relatos ataviados con tremenda capacidad conmove- dora como el que nos ofrece Francisco Rojas González. Invariable- mente, las narraciones compartidas en este pequeño libro hacen relucir el estilo pragmático y fluido de un hombre con la capacidad de expresar la más compleja de las historias a través del delicado camino de los detalles. Cada oración perfectamente estructurada contiene el toque necesario para adentrarnos tierna y mesurada- mente hasta la vida harapienta de los personajes, cuando no me- nos humana, culminando con una melancolía que en el mejor de los casos dará paso a la indignación contra la injusticia y en última instancia a la reflexión.

Marco Árcega Corona

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