En Estados Unidos, el 5 de mayo es un día para tomar tequila sunrise y margaritas, y en México celebramos la batalla de Puebla. Aparentemente este es un día de fiesta para todos, pero no es así. Existen personas invisibles para quienes este y cualquier otro día son una lucha constante, persiguiendo un sueño maravilloso en un territorio agreste. Se trata de los migrantes. Ser migrante, es ser de todos y de ningún lugar, la carga de encarnar una identidad mestiza crea conflictos de identidad en quienes se lanzan a vivir el sueño americano.
El arte de los migrantes abre nuestros ojos hacia una realidad trasnacional. Una realidad que se vive en dos mundos distintos a la vez: divide familias y crea confusión. Con motivo del 150 aniversario de la batalla de Puebla, en 2012, se celebró en Capilla del Arte la exposición Migración: el otro cinco de mayo, cuyo objetivo fue concientizar al público acerca de esta realidad. Una realidad invisible donde la dis- criminación, la pobreza y “la migra” no contemplan este día feriado.
Aunque la exhibición tiene tres años, los pro- blemas de los migrantes no han estado ausentes ni un solo día hasta la fecha. Hoy es día del grito: los sombreros, las banderas y el tequila están a la orden del día. No obstante, hemos de recor- dar que para los migrantes, esta fiesta nacional se mezcla con el sabor agridulce de su realidad.
Rubén Peláez Castellanos
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