Un viaje memorable

“Que suerte tengo tener algo que hace que decir adiós sea tan duro” – A. A. Milne

Las despedidas no son el fuerte de nadie y a decir verdad hay unas más fáciles que otras, pero no dejan de ser un momento un tanto pesado, ni para el que se va, ni para el que se queda. Una situación común pero poco mencionada es que cuando nos vamos de viaje o nos ausentamos de casa sin importar el tiempo nos podemos enfrentar a que algún ser querido se nos adelante en el ciclo de la vida y lamentablemente no hay manera de evitarlo, sin embargo debemos ser positivos sin importar que tan difícil parezca intentarlo.

Hay muchas maneras de sobrellevar una pérdida: reconfortarse en alguna religión, estar rodeados de seres queridos, recordar con afecto alguna buena experiencia con aquella persona, o incluso aunque el momento no parezca el indicado, también es valido reír y ¿por qué no? llorar hasta decir basta.

Sin importar que tan trillado suene cuando nos dicen que “nada en esta vida es seguro”, la verdad es que no sabemos a dónde vamos, ni quién nos acompañará o qué tantas cosas haremos en el futuro. Sigue siendo un hecho que la vida hay que vivirla cada día con extrema alegría y que todo lo que hagamos sea con pasión, así como nunca dejar de decir las cosas que tengamos en mente, tanto buenas como malas, porque para vivir sin arrepentimientos hay que decirlo en vida.

Lo único que si puedo garantizar es que eventualmente la partida de nuestro ser querido, con el tiempo se hace más fácil y que no importa donde estemos, ni la edad que tengamos, mientras los recordemos con cariño siempre van a estar con nosotros, ya que cuando una persona que amamos se convierte en una recuerdo, esa memoria se convertirá en un tesoro. Y si, este viaje al que llamamos vida es una aventura por redactar a pesar de que eventualmente todos compartamos el mismo final, sin miedo puedo decirles que en lugar de resignarnos, hay que valorarla y no solo cuando tenemos que despedirnos de alguien. No por nada hoy, el presente, es un regalo.

Columna dedicada a mi amado Opa, “Don Gil”.

Andrea L. Cinta Sánchez

andrea.cintiasz@udlap.mx