¿Quién se murió?

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Creo que el mundo tiene demasiadas reglas y convencionalismos; todo el tiempo nos están diciendo qué hacer, qué no, cómo vestir, adónde ir, qué ver, qué comprar, en qué creer, qué decir y cómo amar. Supongo que cuando nos damos cuenta de todo lo que hemos adoptado como cierto–aunque no precisamente lo sea– ya no sabemos como rebelarnos contra el sistema ya no nos interesa y en todo caso si lo hicieramos, la sociedad nos esperaría ansiosa con un repertorio entero de etiquetas para definirnos: hipster, naco, zorra, pobre, feminazi, pipope, machista, demente, drogadicto, p…ja , hijo de papi, p..o, y la lista nunca acaba. Rebelarse al status quo tiene un precio y en términos de relaciones, las reglas son infinitas, de carácter coercitivo y si las rompes, no hay derecho a juicios justos.

Las mujeres siempre salimos mal paradas cuando rompemos los reglamentos: si las damos “antes de tiempo” o con singular alegría, si decimos sí al amor y no al matrimonio, si nos gusta el exnovio de quinto de primaria de nuestra amiga, si preferimos la libertad que en- contrar al amor de nuestra vida, si dejamos a alguien por otro.

Aun cuando las relaciones terminan sean formales o no, esta- mos obligadas “por educación” a llevar un luto ¿por cuánto tiempo? Por el que aguantes y yo, como la azotada que soy, he aguantado mucho. Si me lo preguntan es una total y absoluta pérdida de tiem- po. La práctica de no salir con alguien distinto en un lapso aceptable “por respeto al fantasma de tu ex” y ser juzgado si no lo haces es una estupidez sin fundamento.

¿Por qué alguien tendría que guardarnos luto si nos fuimos? ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros? Y ¿por qué está mal si no lo hacemos? No tengo idea. Tampoco intento decir que cualquier reem- plazo en menos de 24 horas es bueno, que un clavo saca a otro, y que se consigan un “mi peor es nada” (aunque si lo hacen no tengo problema). Supongo que todos tenemos maneras y tiempos distintos para asimilar un rompimiento y continuar con nuestras vidas, pero ¿guardar luto por “respeto”? ¿respeto a qué? Le he sido fiel a muchos fantasmas y a más recuerdos de los que puedo contar. Mi luto nunca fue reconocido, nadie le aplaudió y me atrevo a decir que al difunto en cuestión lo mismo le dio.

Claro que estar del otro lado siempre es más difícil, ser reemplazado nunca es chido, pero el amor es apostarle a eso todos los días y a veces perdemos. Es lo que es.

No deberíamos medir el amor que nos tuvieron por la cantidad de luto que nos guardan, ni medir el propio por la capacidad de fidelidad infinita que podemos profesar. Después de todo nadie murió ¿o no?

Fernanda Soria C.

maria.soriacs@udlap.mx