Arenas movedizas

Por su condición inherente de incierta y por nuestra capacidad nunca perfecta para comprender sin sesgar, para objetivar sin sentimiento propio en las realidades del mundo, pocas conclu- siones se pueden obtener de la vida con el consentimiento de un voto de mayoría: todas las verdades humanas, así como la propia esencia del individuo, es puramente frágil. En el ámbito perso- nal, nuestras mentes, percepciones e ideas pueden sucumbir a la demencia con facilidad. Bástese esta maquinaria perfecta que ha de ocupar nuestro espíritu, el cuerpo, para que brinquemos de la delgada línea de la salud hacia el espacio, a veces divertido pero peligroso, de la chifladura. En el aspecto social, sin embar- go, jugar con nuestra fragilidad es cientos de veces más riesgoso y pocas veces entretenido. Cuando se comprende que es el ins- tinto quien incentiva a la razón en su proceder, es debido asu- mir también que las interacciones entre humanos contienen el riesgoso beneficio de cooperar con el desgaste de nuestros días. De cualquier manera, no pretenderemos jamás alejarnos de esta vida comunitaria… sería prudente, entonces, practicar siempre una confianza inquieta en la fragilidad de los demás.

El ramo azul y Maravillas de la voluntad son dos de los diez relatos diminutos del aplauso de escritor que es Octavio Paz, y que reúne en su libro Arenas movedizas. En ellos, no es tanta la finura del trazo de la pluma sobre las páginas como la capacidad de generar impactos vigorosos, llenos de vivacidad y creatividad lo que mueven al lector al pasmo que lía el arte del cuento con el de la incertidumbre. Se desarrolla aquí, la fantasía con los tintes de la realidad más escabrosos del hombre: la ignorancia, el odio sin cabeza lógica, la perdición por no saberse aquí, la prisa de la vida… siempre, siempre sin sosiego, pensando.

MARCO ÁRCEGA CORONA

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