BADLUCK SORIA

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Mis papás merecen una medalla al mérito por aguantarme y sobrellevar todos los eventos desafortunados que se suscitan en mi vida. A veces me resulta difícil vivir conmigo y si pudiera cachetearme sin parecer demente, lo haría. Por 23 años, he divertido a mis amigas con la tragicomedia de mi existencia y es que TODO ME PASA. He perdido más cosas de las que recuerdo; arranqué mi coche, olvidando mi laptop encima, me han robado más llantas de las que mi coche necesita, he incendiado mi cocina y la colcha de mi cuarto, me he caído en medio de fogatas, desde la azotea y de escaleras eléctricas, me he volteado en accidentes y me han asaltado. Cuando entro en mi casa con ojitos de “mamá por favor no me mates, puedo explicarlo”, ella y todos en mi familia saben que la calma en mi vida dura poco. Tengo la peor suerte del mundo.

Mi vida puede clasificarse entre excelentes rachas y pésimas coincidencias; yo sí creo en la suerte aunque no sé exactamente cómo funciona. El viernes de la semana pasada me robaron mi tarjeta y su pen….ja, se enteró hasta que Santander tuvo la amabilidad de comunicarme que la habían vaciado. Ésta, tuvo cargos dentro de la Universidad, dos en la gasolinera, dos en el Oxxo y otro más en una tienda de ropa; ese dinero era fruto de mi trabajo y mientras la señorita trataba de calmar mi llanto, yo intentaba concebir cómo alguien puede robar así sin más y disfrutarlo. Fracasé.

Sabiendo que paso por una mala racha me puse a investigar qué demonios colgarme para hacer mi travesía más llevadera y entonces recordé que el martes rompí un espejo… lucky me. Los gitanos creían que éstos eran una ventana al mundo de la adivinación y si se rompían, era para no mostrar un futuro desastroso. La creencia supone que siete años es lo que tarda un cuerpo en renovarse y, mientras tanto, uno debe aguantar vara. Para entonces tendré 30… (suspiro).

Espero que el ladrón de mi tarjeta la esté pasando bomba con su tanque lleno, nuevo outfit y su six de chelas. Su cerebro nunca dará para comprender el valor del dinero, del trabajo, ni de nada y siento pena por él o por ella. Respecto a mí, no me juzguen si me ven en la Uni con una pata de conejo del tamaño de mi cuerpo colgando del cuello. No pierdo nada en intentarlo.

Fernanda Soria C.

maria.soriacs@udlap.mx