La mansedumbre de nuestros soles y de nuestras lunas diarias, cumplen para nosotros una función ambivalente: gracias a un destino que no hemos elegido, disfrutamos de paz y carecemos de preocupaciones demasiado turbias como para quitarnos el sueño. Si lo pensamos bien, tenemos toda la calma del mundo para realizarnos. Por otro lado, sin embargo, cumpliendo con el natural instinto del que somos víctimas, pareciera que deseamos justo aquello que nos es negado. Y es entonces cuando extrañamente llegamos a pensar que quizás y fuera mejor abandonar este poco original y jovial privilegio para adentrarnos en la incertidumbre e ir en busca de alguna aventura que reavivara el impulso efusivo del aliento, dando un giro a la monotonía en favor del palpitar cardíacamente veloz del corazón.
Inés Suárez, una humilde costurera española del siglo XVI, rompe con la tradición y costumbre de la época al decidir abandonar la tranquilidad de una vida ya forjada por mirar más allá de lo que la vista puede alcanzar… Viajará al nuevo mundo, a América, y permitirá que su emoción más vívida, la pasión amorosa, le enganche al personaje de Pedro de Valdivia, conquistador y fundador de lo que sería el Reino de Chile. Inés representará el ejemplo más nítido de que basta con atreverse a lo más cercanamente desconocido para que las consecuencias de la propia valentía le empujen a uno sin mayor remedio hasta el resultado menos pensado de todos, como forjar una hazaña histórica que permanecerá en la memoria de todos. Isabel Allende nos permite ver que las historias más fantásticas no provienen de otro mundo ni de la pura imaginación, pues es la vida misma en sus diversas modalidades la que redescubre modos de dar emoción a nuestros días. Sería suficiente con atrevernos a mirar un poco más allá.
