Pocas cosas hacen que un estudiante se levante temprano en domingo. Una de esas ocasiones extraordinarias la provoca el desayuno. La encomienda es tener un día gastronómico por Cholula; por tanto, el día empieza en uno de los lugres más típicos -y baratos- para comer: el mercado.
El tour gastronómico empieza a una cuadra del mercado, en donde el jefe de fotografía de este periódico se toma un tiempo para comprar una pequeña bolsa rellena de ciruelas. No es lo más higiénico, pero consume una: hace mucha hambre, un poco de trabajo para el sistema inmunológico no viene mal.
El olor a hierba fresca, de producto recién sacado de la caja, llena el ambiente del recinto de comercio local. Los colores se aglutinan en un mar que incita al sabor: el rojo del jitomate, el verde del cilantro y los tonos cálidos de la carne.
Pronto, los miembros de La Catarina llegan al corredor en donde todas las memeleras anuncian su producto: las señoras gritan al mismo tiempo enseñando tortillas enormes, de alrededor de 30 centímetros, con la que preparan gorditas y quesadillas.
Los catarinos toman una mesa y se piden las bebidas: café de olla y atole de maíz azul, cada uno por 12 pesos. Los dulces líquidos provocan que salgan del sueño en el que se balancean y despiertan el apetito. ¡Que venga la comida!: una bandera, una roja y una quesadilla. La tortilla azul se deshace hasta la boca y la salsa termina de espabilar a los reporteros.
Hay personajes que ofrecen los postres: un par de religiosas venden buñuelos y recortes de oblea, que son apreciados y consumidos como digestivo. Otro comerciante más vende flanes envueltos en plástico, el dulce asienta el estómago y prepara a los catarinos para la siguiente etapa gastronómica.
Pagan rápido y caminan entre pasillos donde los vendedores ofrecen sus mejores productos y precios. Es al salir del mercado que se puede tomar un paseo, para bajar la cantidad de comida. Los tres compañeros se pasean por el zócalo; las ardillas también tienen hambre y persiguen a los invasores en busca de algo tan delicioso como lo que ellos acaben de consumir, es una lástima para los roedores no comer gorditas con salsa. Los catarinos regresan a la Universidad sólo para esperar la siguiente hora para comer, que se acerca inminentemente.
Parte 2: Almuerzo “El Recaudo”
Después de haber desayunado en el mercado y paseado por el corazón de Cholula, nos dirigimos al próximo pun- to de este tour “El Recaudo” pequeño restaurante situado a unos pasos de la Iglesia de los Remedios. Escogemos este lugar por recomendación de nues- tra jefe de información. Llegamos al restaurante y lo primero que mis ojos captan es el enorme jardín que tienen, cuando entramos veo que junto al jar- dín hay un piso de cemento en el que hay alrededor de 8 mesas, cuando lle- gamos hay otras 4 ocupadas.
A un lado de nuestra mesa puede ob- servarse el paisaje de la pirámide de Cholula en todo su esplendor. A los pocos minutos de sentarnos se acer- ca a nosotros una mesera rubia con acento extranjero, nos muestra las cartas y se va en lo que decidimos, su presencia arranca miradas de admi- ración no solo de nuestra mesa, sino también de algunas otras.
El menú, según nos comentan, cambia
de acuerdo con las estaciones del año, al empezar el otoño nuestro menú es distinto del de un mes atrás. Lo hojeo y ofrece ensaladas, chapatas, sopas y pastas. También nos enteramos de que todos los ingredientes utilizados son orgánicos.
Después de una larga deliberación conmigo misma sobre que pedir, me decido por una pasta agridulce con verduras; misma que me es llevada alrededor de 15 minutos después. Al probarla, me recuerda invariablemen- te a un platillo típico chino, quizás una sopa u otra pasta también. Los sabores agridulces mezclados con lo salado de las verduras que lo acompañan (bró- coli, pimientos, calabacitas) le confie- ren un sabor inusual pero agradable al paladar. Mis compañeros piden cada uno algo distinto, sopas, chapatas y ensaladas fueron las elecciones de al- gunos, todos con buenos comentarios al respecto. Cuando todos terminamos nuestro respectivo platillo surge una pregunta ¿A dónde vamos a ir a cenar?
Jennifer Mc Namara G. Laura Uribe C.
jennifer.mcnamarags@udlap.mx laura.uribecz@udlap.mx