Estela Mares, La Fan #1

La afición de Doña Estela Mares comenzó cuando a su hija Lizbeth “Lizzy” Navarrete le ofrecieron la beca para jugar con el equipo de basquetbol en 1994. Su esposo, Leopoldo Navarrate, ya conocía la Universidad desde que era el Mexico City College, pues el señor jugó con los Pumas de la UNAM y en muchas ocasiones se enfrentó a los Aztecas. Al papá le agradó la idea, pues le gustaba el nivel y la filosofía de la Universidad. Originarios del Distrito Federal salieron hacia Cholula y aquí comenzó la afición de Doña Estela.

La señora Estela siempre apoyó a sus hijos. Estuvo en casi todos los partidos de Lizzy. Más tarde, su hija Lilly llegó a la Universidad, dándole más opciones para viajar los fines de semana a Cholula. Edgar, el tercer hermano, quería jugar basket, sin embargo, los coaches de football americano lo vieron y lo invitaron a participar en Categorías Juveniles, por lo que se mudó a Cholula desde la preparatoria.

Por los hijos, la mamá se volvió la fan número uno de los Aztecas de la UDLAP. La mamá estaba siempre a disposición de los jugadores. “Mi mamá sabía lo que era tener a sus hijos lejos, si bien no es lo mismo estar a dos horas como nosotros, entendía lo que pasaban las mamás de Ensenada, Tijuana, Cancún, siempre estuvo ahí para los jugadores, aun con nosotros graduados” declaró Lilly Navarrete, su segunda hija. “Siempre hizo lo que pudo por ir a todos los juegos, si Lizzy no la podía traer, se venía caminando hasta la Universidad, siempre con su jersey, su gorra o al menos una camisa verde o naranja”, recordó.

Siempre era evidente su presencia en la tribuna, ya fuera en el Templo del Dolor viendo el football americano, en el “Moe” animando a los equipos de basquetbol y voleibol o en el Campo 1 apoyando a los equipos de futbol. Veinte años de jugadores y entrenadores la vieron en las tribunas.

“Ella siempre estuvo ahí con nosotros, en la escuela y en el deporte -comenta- uno de los momentos más difíciles para nosotros fue la muerte de mi papá, fue el día que Edgar debutó con el equipo de americano, eso siempre le pesó, pero, de nuevo, mi mamá estuvo ahí para apoyarlo”.

Doña Estela vivió muchos de los grandes logros deportivos de los Aztecas: El tricampeonato (1995-1997), el bicampeonato (2013-2014) y el campeonato del 2010 de americano, muchos de los títulos de baloncesto, incluidos el pentacampeonato femenil de la CONADEIP y el campeonato equipo varonil en 2013 son sólo algunos de ellos. “Mi mamá hizo bastones con listones verdes y naranjas y los regaló en esa final (basquetbol, 2013) a la porra. Estuvo toda la noche haciéndolos”,declaró Lizbeth Navarrete.

En su anecdotario se encuentran historias con muchos de los jugadores y coaches. Conoció al coach Eric Martin desde que era jugador en la Ola Roja del Distrito Federal en la Liga Nacional de Baloncesto Profesional (LNBP) cuando su hija Lilly trabajó ahí. “Fue de las más felices al enterarse que Martin entrenaría a los Aztecas, ¡era su consentido!”, afirmó Navarrete.

“Tenía un gran cariño por “Puño” (Antonio López), siempre que se veían se saludaban y platicaban -recuerda- incluso, cuando él enfermó, estuvo ahí para cuidarlo y cuando mi mamá fue hospitalizada, él también fue un par de ocasiones a visitarla”. El cariño de la señora hacia los jugadores es una característica que ninguno va a olvidar. “A Luciano (Valdés) lo quería muchísimo. Mi mamá se emocionó de sobremanera al enterarse que sería papá”.

Hay muchas historias divertidas de la señora con los jugadores, Lizbeth recuerda una ocasión en la que cayó una lluvia muy fuerte al grado de que gran parte del campus estaba encharcado. “Mi mamá intentó cruzar, pero cuando dos jugadores la vieron, la cargaron en sus hombros hasta el Centro Estudiantil para evitar que se empapara”.

En septiembre de este año la señora enfermó y tuvo que ser internada en el hospital. “Muchos fueron a visitar- la -declaró Navarrete- Fisher, Martin, Puño, muchos jugadores de diferentes equipos… Mónica (Escobar) incluso pidió quedarse un día a cuidarla”. Este mismo año su hijo se convirtió en Head Coach del Tec de Monterrey campus

Puebla, a pesar de ello, la señora mantuvo su a ción por los Aztecas. “Asistía a los partidos y se alegraba por Edgar, pero nunca dio una sola porra para los Borregos”, afirmó Lizbeth.

Dentro de las anécdotas que la familia Navarrete tienen con más cariño es una de las visitas de Eric Fisher al hospital: “Estábamos los tres hermanos con mi mamá, entonces llegó Fisher y vio a mi hermano con su uniforme azul del Tec, Fisher le dijo a mi mamá ‘¿Ya vio señora? Su hijo ya es azul, nos traicionó’, en ese momento mi mamá levantó la colcha, le muestra la bata y la colcha a Eric con mucho orgullo. Ambas eran de color verde”, narró Lizbeth.

Pasó su último cumpleaños en el hospital, el 20 de septiembre. Toda su familia, muchos Aztecas y exAztecas se encontraban con ella. El 28 del mismo mes Estela Mares falleció de una falla renal terminal. Al velorio asistieron muchos jugadores, coaches de diferentes equipos y generaciones a darle un último adiós.

“Antes de morir me dijo que su sangre siempre sería verde y que el día que muriera iría con Moe, se pon- dría el penacho y seguiría animando en todos sus partidos desde el cielo”, analizó Lilly Navarrete.

ESTELA MARES 1939 – 2015

JUAN ANTONIO HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ

juan.hernandezgz@udlap.mx