Hablar del miedo en la Universidad es más o menos común. Hay miedo a reprobar, miedo a no llegar a clase, miedo de los profesores… y miedo a andar solos por los pasillos a altas horas de la noche. Nunca me he encontrado con un espectro fuera de los estudiantes gritones del Tour de Leyendas, pero reconozco que no me puedo quedar en el segundo piso de la biblioteca cuando no hay gente: como se dice por ahí, se siente “pesado” el ambiente.
Si las fuerzas del más allá existieran, sin duda habría varios espectros rondando la UDLAP. Para empezar, Cholula es una ciudad milenaria en donde se llevó a cabo una de las masacres más famosas de la conquista; en segundo lugar, la institución está edificada en lo que antes era una Hacienda y, claro, rumores sobre estudiantes suicidas o asesinatos en el campus están a la orden del día. Sin embargo, las personas vivimos todos los días con “miedo”. Esa sensación que nos permite detenernos ante lo desconocido y volver a pensar en lo que estamos haciendo. En realidad, el miedo se manifiesta en prácticamente todos los animales del planeta y sirve para estar preparados ante amenazas del entorno: llámesele Niña de las galletas o Examen de medio semestre.
Con todo, los seres humanos somos increíbles por las manifestaciones de miedo que tenemos. Podemos sentir miedo colectivo, si no, la lectura de Orson Welles de La guerra de los mundos no sería tan famosa. En 1938, gracias a esta transmisión por radio, los escuchas de verdad creyeron que serían atacados por extraterrestres.
Por la traducción física del miedo, es normal que nos paralicemos, lo cual le da al «depredador» mayor tiempo para atacarnos. Si me lo preguntan, esta es una de las grandes razones por la que la procrastinación es la nueva enfermedad de los alumnos en el siglo XXI, una que se esparce con rapidez.
Sentimos miedo porque nuestro cuerpo sabe que nos enfrentaremos a algún elemento extraño. ¿El remedio? Estar preparados. Si las calificaciones, los profesores, o las relaciones que tenemos nos asustan, tenemos la ventaja de que podemos huir por un rato a enlistarnos para la amenaza. Si se encuentran a la Niña de las Galletas, sólo corran.
Jennifer Mc Namara G.
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