Hace ya un semestre que decidí poner en letras lo que siento, lo que veo y lo que escucho cuando uso la bicicleta como medio de transporte. En mi primera columna, utilicé una frase que me hace reflexionar mucho sobre la vida, nuestro entorno y nuestras acciones como humanos. Mahatma Gandhi dijo: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo.”
Este nuevo año, los invito a dar un pequeño pero significativo cambio, seamos más conscientes de lo que hacemos y dejamos de hacer, pues toda acción que realizamos tiene una consecuencia. Hace seis meses decidí volverme vegetariana y dejar de comer cualquier cosa que tuviera ojos y que respirara ¿por qué? Por muchas razones, pero una de las más importantes fue que me volví más consciente de lo que implicaba comerme un pedazo de carne. Por ejemplo, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación) el sector ganadero genera más gases de efecto invernadero, un 18% más de CO2 que el sector del transporte; esto a su vez, se convierte en una de las principales causas del calentamiento global. La decisión de qué comer impacta en el mundo. No lo tomen a mal, no busco convertirlos en vegetarianos/veganos, creo en la idea que todos somos libres de elegir nuestro modus vivendi y todos merecemos respeto.
Sin embargo, cuando empezamos a ser más conscientes de nuestra realidad, de lo que verdaderamente pasa en el exterior, cuando rompemos nuestra burbuja de estudiantes privilegiados y damos un paso afuera de la zona confort, se genera un cambio, un cambio colectivo que al final, nos va a beneficiar a todos. Si empezamos a consumir alimentos producidos a nivel local, no sólo ayudamos a la economía de los productores sino que también, a la larga, reducimos el consumo de energía que implica la importación de alimentos. Nuestras acciones diarias pueden tener un impacto en la sociedad y más importante, en nosotros mismos. Saquemos la bicicleta, usemos el transporte público, caminemos cuando el uso del coche sea incensarios, existen muchas maneras en las que podemos ayudar, sólo se necesita un poco de solidaridad e iniciativa.
Cabe mencionar y recordar, que esta columna no es sobre bicicletas, sino sobre sembrar conciencia de lo que pasa en nuestro exterior y para reflexionar sobre nuestros malos hábitos como: encontrar una forma para evadir las foto multas, ( a pesar de que –aunque no lo crean–,
éstas sirven y salvan vidas porque nos obligan a ser conscientes y bajar de velocidad de nuestro automóvil). Somos tan petulantes e indiferentes al prójimo, que nos tienen que castigar para que cumplamos algo bastante lógico; Ahora bien, el dinero perdido que se recauda de las infracciones es punto y aparte.
Nos estamos acabando el mundo y creemos que para salvarlo se necesita tecnología, ciencia, avances y maquinas que generen agua por sí mismas, cuando en realidad, con pequeños cambios en nuestra vida y predicar con el ejemplo bastaría para darle al planeta cada día, una segunda oportunidad.
DANIELA ROBLEDO ROMERO
