El ojo morado

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Hace tres días me estrellé de cara con una puerta. Más allá del dolor momentáneo del golpe, mi verdadera preocupación surgió ante el miedo de terminar con un ojo morado. Lo único más humillante que golpearse con una puerta, sería tener que ir con la muestra de mi torpeza en la cara, a la vista del mundo entero y tener que excusar una y otra vez cómo había sucedido. Por suerte, con las precauciones necesarias (hielo y pomada) me salvé. Otros errores no son tan fáciles de esconder.

Hillary Clinton, por ejemplo, lleva una larga lista de decisiones problemáticas en su frente. Es difícil culparla, considerando los altos cargos de Estado que ha ocupado en los últimos años. Esperar que su nombre siguiera inmaculado sería como esperar a un boxeador sin moretones. Hillary lleva mucho tiempo llevándose a golpes con los peces más gordos de la política internacional.

Su más reciente puñetazo, justo a tiempo para arruinar su buen rostro durante las elecciones presidenciales, fue un preocupante número de e-mails oficiales que la secretaria de Estado estadounidense envió desde su cuenta personal, en lugar de utilizar el mail seguro proporcionado a los altos mandos del gobierno.

Hillary ha intentado portar su metafórico ojo morado con dignidad, manteniendo la cabeza en alto y tratando de cubrirlo con mucho maquillaje político, pero que ni el mejor maquillista del mundo puede desaparecer una mancha tan negra de su —hasta entonces— buen nombre. El posible knock-out: la semana pasada, unos días antes de que se vote por los representantes democráticos en Iowa, se reveló que 22 de los e-mails de Hillary contienen información demasiado sensible como para hacerlos públicos.

¿Por qué es importante esto? Porque esos 22 e-mails, tan importantes como para ser clasificados ahora, en su momento fueron enviados desde una cuenta de correo poco segura.

Hillary no sólo estaba boxeando con los peces gordos, lo estaba haciendo de manera clandestina. No ilegal, en realidad, pero podría enfrentar cargos debido a su conducta negligente como secretaria de Estado.

De verdad quiero apoyar a Hillary en esto, ha tenido una carrera larga y eso deja muchos moretones y cicatrices que esconder. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme cuánto afectará sus posibilidades de llegar a la Casa Blanca. Hay una considerable diferencia entre estrellarse con una puerta y comprometer información confidencial de Estado. Va a necesitar mucho maquillaje.

SOFIA MARLASCA COUOH
sofia.marlascach@udlap.mx
@sofmarla