“Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida.” Ernesto Sabato
Nunca he sido fan de los antros o de estar en un lugar rodeado de gente que no conozco, empapándome de sudor ajeno y con música a tan alto volumen que, a duras penas, me permite escuchar mis pensamientos. Soy fan de los cafés (aunque tome té), de las tertulias, de ir con una persona y hablar por hablar nada más.
Como dice Sabato: estamos perdiendo el diálogo. Nos saludamos por protocolo, fingimos el interés por los demás y respondemos que bien sólo para ahorrarnos el explicar por qué nos estamos deshaciendo lentamente. Utilizamos los celulares como un telegrama: mientras menos palabras utilicemos, mejor. Tenemos incluso emoticones para ahorrarnos la elocuencia.
Las cartas, los largos textos y las muchas palabras han pasado a ser gestos propios de los románticos, algo especial. Incluso el “te amo” se ha convertido en un tabú: lo guardamos para las personas “especiales”, lo categorizamos y conceptualizamos. ¿Cuántas relaciones no terminan por falta de comunicación?
Lo triste de esto es que perdemos el primer contacto con los demás. Sí, las palabras no son lo único importante: las relaciones no serían lo mismo sin la risa, los abrazos, el beso, las miradas, los juegos, los gestos, las acciones y demás. Sin embargo, toda conversación comienza con un “hola”; el inicio de toda guerra es variable, mas todas terminan por palabras. Lo que son las palabras de la mesa, la poesía, incluso las discusiones y los enojos, están siendo reemplazadas por la televisión, por una carita enojada, roja o amarilla.
El hombre habla para llegar a los demás. Ese es nuestro método predilecto para escapar del cautiverio de la soledad. Buscamos en otros la aceptación que nos sirva de raíz y nos mantenga dentro de esta realidad. Tenemos que recuperar eso, el diálogo, porque es ahí donde encontramos los detalles que le dan sentido a nuestra existencia: el amor y la conexión con las personas. El primer paso: vamos por un café, yo invito: la bebida, la plática, las emociones, no te preocupes, van por mi cuenta.
Eric H. Cetina Karsten
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