Los concursos de belleza son algo a lo que estamos todos acostumbrados. A muchos de nosotros no nos gustan, a otros sí. La verdad, es que no tengo nada en contra de ellos; honestamente, no son mi tipo de eventos pero conozco a varias niñas a las que les agradan.
No es que odie los certámenes de belleza como tal, pero sí puedo llegar a tener un problema cuando se llega al extremo con tal de concursar en ellos y no sólo me refiero a las concursantes, también a sus madres.
Hace unos años, una amiga mía entró a uno de estos concursos y ganó. Salió en varias revistas, le regalaron ropa increíble y ella se veía muy feliz. Luego me enteré que su madre llegó a un acuerdo con ella: por cada kilo que bajara, antes y durante el concurso, le pagaría $500 pesos.
Tienen que saber que mi amiga no era gorda, al contrario y sin embargo, su madre (alguien que se supone debe amarte y aceptarte tal como eres) llegó al extremo de pagarle para que bajara de peso.
¡Lo que me sorprende es que aparentemente fui la única que pensó que eso estaba mal! Para mí, eso se hubiera sentido como una patada en el estómago porque creo que es de lo más humillante y denigrante que una mamá puede hacer: pagarte para bajar de peso. Una cosa es que te ayude a mantener una dieta sana y te inculque el hábito de hacer ejercicio y otra, muy diferente, es que te obligue a bajar tanto de peso en tan poco tiempo.
Luego la gente se queja de la cantidad de jóvenes con desórdenes alimenticios en la actualidad. Los problemas alimenticios pueden surgir por muchas razones, ya sea por bullying, por los estereotipos irreales en los medios de comunicación, etcétera, pero estoy segura de que el que tu madre te haga sentir gorda, es una razón que no se olvida fácilmente; puede llegar a generar un trauma de por vida.
Una chava a esta edad no necesita que le digan que su cuerpo está mal. Necesita cariño, apoyo, amor, comprensión y créanme que eso, no se puede remplazar con $500 pesos y mucha ropa.
Mariana Ramírez López
mariana.ramirezlz@udlap.mx
