Bicicleta, sinónimo de libertad

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«La bicicleta ha hecho más por la emancipación de la mujer que cualquier otra cosa en el mundo»– Susan B. Anthon

Andar en bicicleta hoy es algo normal para las mujeres –bueno, dependiendo del país en el que se vive– pero en general, es algo que ya se ve diario. Tristemente, no siempre fue así. Igual que el derecho al voto, al trabajo digno o a la educación, también el uso de la bicicleta para las mujeres ha sido una lucha constante.

El invento de la bicicleta significó un gran impacto para la sociedad en general, pero creo que, además, vino a revolucionar la vida de las mujeres: fue y es el símbolo de la libertad misma, de poder tomar control sobre tu propia vida. El proceso para que nosotras tengamos la libertad de subirnos a la bicicleta cuando se nos antoje no ha sido fácil: ha sido largo (porque aún hay mucho que hacer), lleno de estigmas, estereotipos y violencia, como todos los caminos hacia la reivindicación de las mujeres.

La lucha comenzó –como en todos los casos en la “historia de la mujer”–, con (el intento de) la eliminación de los estereotipos. Durante el siglo XlX, se consideraba que la anatomía de la mujer, por ser “frágil”, no daba para el esfuerzo que implica el uso de la bicicleta. También, se pensaba que podía afectar los órganos reproductivos y claro, era muy mal visto el roce y la posible estimulación sexual que podía tener el asiento. Annie Londonberry, les comprobó todo lo contario al convertirse en la primera mujer en darle la vuelta al mundo en bicicleta en 1894; así como escribiendo varios textos en un diario en Nueva York, firmados por “la nueva mujer” (un ideal feminista que rompía con límites establecidos por la sociedad patriarcal).

En la actualidad, aún tenemos mucho que hacer. Más allá de romper los estereotipos que se pueden generar, nos estamos enfrentando a un problema más grave: nos están matando. Usar la bicicleta no nos exenta de esto. La libertad que genera la bicicleta queda aprisionada cuando la situación de género nos cohíbe de alguna manera. Por ejemplo, me han recomendado no usar la bicicleta en la noche, y si la uso, que siempre sea acompañada de un hombre; no usar shorts o ropa provocativa porque me puede pasar algo, etcétera.

Hace unas columnas escribí que podemos medir la seguridad de una ciudad dependiendo en el porcentaje de mujeres en bicicleta. En la Ciudad de México, el porcentaje de mujeres ha aumentado de 16% en 2010 a 21% en 2013. Esto es relevante ya que las mujeres han sido educadas para ser más aversas al riesgo, por lo que este aumento, significa que las condiciones están mejorando. Sin embargo, si comparamos con otras naciones (en Países Bajos, 55% de los viajes en bici son realizados por mujeres; en Alemania, el 49%) las ciudades mexicanas se quedan muy atrás, tanto por su infraestructura, como por la inseguridad que se vive, entre otros factores.

Con respecto a los estereotipos, aún siguen latentes en muchas partes del mundo. Como el caso de Wadjda, una película saudí dirigida por la primera mujer árabe cineasta, que cuenta la historia de una niña que se atrevió a romper con las normas sociales establecidas a través del uso de la bicicleta. Hoy, muchas mujeres usan la bicicleta como forma de protesta, rebeldía, reivindicación y como herramienta de empoderamiento y emancipación de sí mismas. Amnah Salman, Asalah Abu Sharkh, Sarah Sleibi y Nour Sleibi lo hacen en Gaza por ejemplo, usando la bicicleta para empoderar a otras mujeres y para eliminar los estereotipos de género en su país, religión, cultura y sociedad. En otra parte del mundo, también marcada por la pobreza y la violencia generalizada hacia la mujer, Berenice Dapaah, mujer ghanesa fundadora de Ghana Bamboo Bikes Initiative, no sólo promueve el uso de la bicicleta como medio de transporte, sino que también desafió la idea que las mujeres no son capaces de poder armar una bicicleta y, mucho menos, tener un taller.

Estas historias son las que inspiran, las que reivindican y empoderan a la mujer. Dedico esta columna a todas las mujeres que día a día deciden hacer la revolución con la fuerza de sus piernas, con el coraje y la valentía de moverse en la bicicleta en una ciudad o alrededor del mundo, con el corazón bien puesto en su pasión e ideales y, lo mejor de todo, con la sonrisa y vista hacia delante. Por ser parte de la historia, gracias.

Daniela Robledo Romero

daniela.robledoro@udlap.mx