Bendito sea Alejandro G. Iñárritu. Como muchas personas, yo también decidí entregarme al desvelo para ser testigo del segundo Oscar consecutivo de Iñárritu (sí, también para ver si al fin ganaba Leo) y no saben cómo celebré, brinqué y grité cuando terminó su discurso:
“Qué mejor oportunidad para nuestra generación de liberarnos del prejuicio, de esta mentalidad tribal y de asegurarnos de que por siempre el color de la piel sea tan irrelevante como el largo de nuestro cabello”.
Esto, en un país en el que uno de los virtuales candidatos a la presidencia es un racista hecho y derecho, en una premiación fuertemente criticada por la falta de diversidad entre sus nominados y con una grosera tonadita de fondo en su discurso.
La discriminación es un tema que ha movido mucho a nuestra sociedad en las últimas décadas. En su momento, la segregación era algo legal en Estados Unidos: había baños para negros y baños para blancos; las fiestas estaban divididas y los camiones, igual. Después, las personas de color a las que no les gustó ser tratados como eran tratados (por obvias razones) y dijeron que no más. Hoy en día, aunque la Declaración Universal de Derechos Humanos condena el discriminar a una persona por su color de piel, hay personas que piensan que la gente con la piel de un color diferente es, en efecto, mejor o peor que otras.
Hace unos años, las mujeres no podían votar, no podían hacer muchas cosas en nuestra sociedad: su chamba era tener hijos y cuidarlos. Incluso era ilegal que una mujer amarrara sus trompas de Falopio sin permiso de su señor esposo. Muchas mujeres dijeron que hasta ahí, y hoy en día han avanzado mucho en ese camino. Sin embargo, todavía hay hombres que se quejan de que ellas quieran mejores oportunidades; en muchos lugares se le paga menos a una mujer que a un hombre por hacer el mismo trabajo.
Hace unos años, era ilegal que un hombre fuera homosexual en muchos países. Muchos sabían que eso era una estupidez y denunciaron. Hoy en día, a pesar de que hay naciones donde aún es ilegal ser homosexual, hay otros donde el matrimonio igualitario ya es una realidad.
Como estas, n veces. Como dije: se ha avanzado, pero aún falta mucho. Muchas cosas son conductas discriminatorias y la gente no las percibe así; las considera solo de gente chaira o que se queja sin sentido.
Relacionado al comentario de Iñarritu: en mi época de preparatoria, tuve un problema con la directora de mi escuela, pues la institución no me permitía llevar barba y cabello largo a la escuela. Me puse a investigar y me topé con que en Veracruz –donde estudié la prepa– existen dos leyes estatales (ley 303 y 864) –además de, claro, la bellísima Declaración Universal de Derechos Humanos– que comprueban que negarle el derecho a la educación a una persona por llevar cabello largo y barba (o simplemente limitar el cómo ellos quieren verse) es un acto de discriminación. Fui con un visitador de derechos humanos, quien comprobó que yo tenía razón. Redacté una carta, llevé el tema con la directora y *redoble de tambores* terminé rasurado y pelón.
Muchos me dijeron que me clavé demasiado en temas que no tenían sentido, que es tan solo pelo y barba, vuelven a crecer. Que tengo que aprender a obedecer. Lo que la gente no comprende aquí es que están discriminando a una persona por cómo decide verse. Si no me corto el pelo o me rasuro, no puedo estudiar en donde yo quiera.
¿Qué pasa entonces? Vivimos en un mundo en el que se combate la discriminación, que es inclusivo, que condena el abuso, pero que se ve atacado cuando una problemática nueva empieza a nacer. ¿No entiende la gente el hecho que decir “no puedes estar aquí si tienes barba/tatuajes/alguna enfermedad” es equivalente a decir “no puedes estar aquí si tu piel es negra”? Justificamos actos idiotas bajo la excusa de mantener una imagen “adecuada”.
Seguimos sin tener una consciencia clara de qué es discriminación y qué no. Algo se vuelve “discriminación” hasta que un gran número de personas lo denuncian, pero porque no queda de otra. Si queremos sobrepasar esta mentalidad tribal, esta manera obsoleta de hacer las cosas, necesitamos entender que cuando privamos o criticamos a una persona por su derecho sobre sí mismo, estamos cayendo en discriminación. Tenemos que deshacernos de esta doble moral y abrazarnos los unos a los otros como humanidad, y así poder pasar a resolver problemas con más sentido. Como que el mundo se va a acabar.
Eric H. Cetina K.
eric.cetinakn@udlap.mx
