México, hogar del Bryan y la Jenny, del Mirrey y de la nueva cara de Belinda. México, casa del Divo de Juárez y casa de una iglesia que, si pudiera, se mete en una máquina del tiempo, ya que, según las últimas declaraciones, sería más feliz en el siglo ante pasado.
¡Qué Viva JuanGa!
Juan Gabriel falleció 28 de agosto, mientras se encontraba en medio de su gira por los Estados Unidos. El día siguiente vi desde la ventana de mi trabajo cómo cientos de personas dejaban flores frente al Palacio de Bellas Artes y se reunían a cantar sus canciones. Me sorprendió ver tantas expresiones de amor por parte de los mexicanos, sobre todo porque el recipiente de ese cariño era un hombre que representaba la definición de lo que tristemente nuestra sociedad llama un “maricón” (insertar chiste de Nicolás Alvarado).
Después de nueve días, Juan Gabriel llegó aproximadamente a las cuatro de la tarde al Palacio de Bellas Artes, –las personas estaban formadas para ver sus cenizas desde las siete de la mañana y se calcula que fue visitado por más de 700 mil, según lo reportado por Rafael Tovar, secretario de Cultura de nuestra gloriosa nación–. Solo puedo decir que la gente enloqueció, vi a muchos hombres y mujeres llorar a moco tendido, y escuché “Amor Eterno” más veces de las que hubiera querido.
¡Cruz Cruz, que se vaya el Diablo y venga Jesús!
Tan solo algunos días después, llega lo que personalmente me gusta llamar: “la horda de la estupidez”, también conocido como el “Frente Nacional por la Familia”, el cual convocó marchas que tomaron lugar el sábado 10 de septiembre en diferentes ciudades del país, siendo Puebla una de estas (shame on you). En pocas palabras, la primicia de este movimiento de personas –que sospecho son las mismas que creen que si se te cae la paleta y no la levantas antes de cinco segundos ya la chupó el diablo–, es el siguiente: el matrimonio es una institución con fines de procreación; las parejas del mismo sexo no deben adoptar; existe una “maligna” ideología de género y por ultimo: proteger la vida desde la concepción de manera absoluta.
Todo esto en contra de la reforma que propone nuestro presidente Enrique Pena (no es un error de dedo, soy muy ingeniosa) Nieto, el cual anunció en mayo de este año la iniciativa para modificar el artículo 4° Constitucional y el Código Civil Federal, en favor de la figura del matrimonio igualitario.
Por primera vez en mi vida me molestó ser católica; me molestó que metieran al buen Jesus Christ en todo esto, y sobre todo me molestó que generalizaran y creyeran que todos los feligreses estamos de acuerdo con sus posturas retrógradas y homofóbicas.
Con el paso de los años acompañado de un desarrollo “a lo poblano”, aprendí a ignorar las cosas que según la iglesia yo –como mujer, como hija y como ser humano– estaba haciendo mal, aunque tampoco es que sea un alma del demonio *empieza a sonar sympathy for the devil al revés* Pero hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo con la Iglesia. A pesar de todo esto, siento que soy parte de ella y estoy agradecida de las lecciones que estar en un colegio católico dejó en mi vida.
Frente Nacional por la Familia, ¿Les molesta que dos personas del mismo sexo tengan el mismo derecho de casarse que ustedes, de formar una familia? ¿A mí saben qué me molesta?, que me agarren la pompa en el metro, o que me dé miedo salir en la noche por ser mujer, ¿por qué la familia no marcha por eso? ¿Por qué no marchar por la seguridad de las hijas del Frente Nacional? ¿Se preocupan por la pureza de sus criaturas? ¿Por qué no marchan por una solución al problema de trata de menores y redes de pornografía infantil? ¿Por qué decidieron en el nombre de Merry, Joseph y el Baby Jesús que una familia con padres del mismo sexo es una aberración? ¿Por qué marcharon 700 mil personas frente a Juan Gabriel para decirle adiós, pero crucifican su vida una semana después? Me gustaría que la respuesta a todas mis preguntas sea Because they dont know any better; porque crecieron en familias “tradicionales” que a falta de información decidieron llenar sus dudas con miedo que con los años se fueron convirtiendo en odio frente algo que desconocen, que no comprenden y que según ellos está mal, desafortunadamente la vida no es tan simple y uno no puede generalizar.
Queridos lectores, la lección que me deja esta semana post Juanga y Post marchas es la siguiente:
“Amor eterno e inolvidable tarde o temprano estaré contigo para seguir… amándonos” De manera legal con el permiso del Frente Nacional por la Familia o sin él.
Julieta Muñoz
