(Por aquellas risas)
Algo surge en ese primer café,
en la risa que tiembla entre nosotros,
al caminar por el centro y entre miradas
algo de mí se queda en el otro.
Todo parece nuevo,
la comida tiene otro sabor,
la voz suena distinta,
la forma de vernos, más gentil.
Las flores importan,
las caricias cobran sentido,
decir «nosotros» es magia
y mi nombre, diferente en tus labios.
Hoy me quedo con aquello:
la mirada enmarcada por tus cejas,
el tono de tu voz al decir mi nombre,
y el suspiro que lo acompaña.
Me quedo con alguna de tus manías,
esas que ya no veré,
tu pragmática forma de ser
y la música que ahora suena a lo que fuimos.
Me quedo con los días donde existías en todo,
y en nada más.
La vida sigue,
pero ya no para “nosotros”.
Fuimos un instante perdido,
una coincidencia que, en su breve fulgor,
se apagó.
– Ánima del campo
Mara Itzel Zacatzontetl Tepoz
Editora de opinión