Sobre los tropiezos y las realidades del 8M en la comunidad universitaria
Como cada año, resuenan de nuevo en las calles, escuelas, áreas de trabajo, casas y noticieros los gritos de todas las mexicanas que por un año más exigimos justicia, equidad, respeto y visibilidad a las transgresiones que miles de mujeres y niñas sufren en nuestro país diariamente. Muchísimas noticias amarillistas y perjudiciales para el movimiento feminista vuelven a aparecer cada 8 de marzo en los medios, para que la sociedad prepare y tenga a la mano, una vez más, sus comentarios y quejas sobre “las locas que salen a rayar y quemar”. Lamentablemente para todas las que marchamos y defendemos inútilmente el motivo de las protestas frente a un gobierno, medios y entorno que se rehúsa a escuchar, esta fecha llega cada año como una ola que arrastra miles de emociones a la vez: impotencia, hermandad, empatía, coraje.
Siendo parte de la universidad y viviendo por primera vez el 8M aquí, me di cuenta de que el odio, los comentarios machistas y las burlas, son cosas que no cesan ni con la edad ni con el supuesto nivel de madurez que ya se debería de tener a esta edad. Es por esto que, con el motivo de obtener una visión más realista acerca de lo que pasa dentro del alumnado, el 5 de marzo decidí realizar una encuesta en línea a una pequeña muestra (84 personas), pero variada, de la comunidad estudiantil.
Esta encuesta estuvo enfocada principalmente en conocer de forma directa cuántos son los casos de abuso, acoso o cualquier tipo de violencia que ocurren o se han dado dentro de la comunidad, para poder contrastar estos datos con el número de personas que no han denunciado y las razones por las que decidieron no hacerlo. Para hacerlo de forma breve pero concisa, la encuesta constó de siete preguntas en total: el género de la persona encuestada; si alguna vez han sufrido alguna forma de acoso, abuso o cualquier tipo de violencia; si alguna vez ha sido por parte de algún alumnx de la universidad (o por algún profesorx); en el caso de que sí (dentro de la universidad), se puso alguna denuncia en el tendedero; si no se denunció ¿por qué? y finalmente si al visitar el tendedero escucharon comentarios machistas, apologistas, burlas, etc.
Los resultados obtenidos en este experimento revelaron que el 40% de las personas encuestadas han sufrido algún tipo de acoso, abuso, violencia o cualquier tipo de violencia por parte de alguien perteneciente a la universidad; de este porcentaje, solamente el 8.7% puso una denuncia en el tendedero. Y con esto me gustaría dejar esta pregunta al aire ¿qué hubieran podido revelar las respuestas de toda la comunidad universitaria?

Son muy pocas las denuncias que hoy están expuestas en el tendedero de la universidad debido al “miedo a las represalias” o a “ser reconocida”, muchas veces también por “haberlo minimizado” o incluso por la revictimización por parte de alguna autoridad (en una de las respuestas se refiere a una tutora). Pienso que es importante ser conscientes de lo que esto revela, ya que el hecho de que no nos sean “visibles” las denuncias y las víctimas, no significa que no esté sucediendo en nuestro entorno.
Es por esto que creo necesario un llamado a la consciencia del alumnado y de todos lxs directivxs, profesorxs y demás personas que conforman la universidad, no solo por todos los casos que se han dado y actualmente siguen ocurriendo dentro de la comunidad (de los cuales no tenemos la más mínima idea de su magnitud real), sino también porque no es normal que frente a una denuncia de violación en el tendedero se escuchen risas o personas diciendo que es “injusto” que arruinen el futuro de la persona acusada. Creo que muchas veces no nos preguntamos qué tan escasos y restringidos son nuestros valores y calidad humana, porque duele darnos cuenta de que la persona que pedía empatía a gritos siempre ha estado más cerca de lo que pensábamos.
Valentina Solar Covarrubias
Reportera de la sección de ágora
valentina.solarcs@udlap.mx