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Cada personaje tiene una historia: las demandas de nuestros profesores universitarios

Docentes de la universidad hablan de la dinámica profesional

No era ni la tercera semana de clases cuando ya veía caras agotadas y gente arrastrándose por los pasillos. Ni se diga cuando llegó la primera temporada de semana de exámenes, creo que hablo por muchos cuando digo que estábamos luchando por acabar con ella y no que fuera al revés. Esta situación es algo que he notado repetidamente desde que ingresé a la universidad. Sin embargo, este semestre me percaté de que los profesores, aquellos que vemos como causantes de nuestro pesar, también tienen sus propias guerras.

Un docente universitario no se limita a dar clases. En su mayoría, el cuerpo académico que constituye nuestra universidad consta de una excelente preparación y ejerce en más de un área laboral o de lo contrario, cuenta con un historial profesional extenso. Considerando esto, me dio curiosidad conocer cómo equilibran las demandas laborales con los diferentes ámbitos de su vida. Por lo que en Primavera 2024 me acerqué a varios profesores, quienes solicitaron el anonimato, para dialogar al respecto.

Entre lo comentado, pude identificar común denominadores; estos profesionales no solo enfrentan la labor de impartir clases, sino que también cuentan con una serie de responsabilidades que exceden lo académico. Los roles administrativos, la producción de investigación científica, planeación y gestión de las ofertas académicas (a nivel clase, eventos y planes de estudios), generan un estrés significativo que pocas veces es visibilizado. Refieren que muchas veces es poco sostenible un equilibrio entre seminarios, capacitación de plataformas como Blackboard, asesoramiento, tutoría a honorarios, revisión de publicaciones académicas por lo que se ven orillados a llevar el trabajo fuera de las oficinas, salones de clase o incluso a permanecer horas en ellas.

De igual manera comentan que las exigencias son cada vez más, pero los apoyos se ven reducidos, ya sea porque tienen que cubrir horas por falta de personal o por la eliminación de auxiliares académicos con la que solían contar para aliviar parte de las labores. Ahora bien, el estrés derivado de ello no es la única influencia en su bienestar. Nosotros tenemos un papel también en ello. A veces olvidamos el impacto que nuestras actitudes pueden tener sobre los profesores. Solemos tener la imagen del profesor como solo una maquina transmisora de conocimientos, evidentemente esto es erróneo. Esta falta de empatía con quienes están al frente de nosotros contribuye al desgaste de los profesores, a su vez, influye en que la relación profesor-alumno se vuelva mecánica. La desconexión en esta relación puede incrementar la sensación de frustración y agotamiento entre los profesores. Pensemos en cada vez que preferimos estar en nuestros celulares durante la clase, reduciendo nuestro rendimiento académico y desmotivando a los docentes. ¿Seguiremos ignorando que no es sencillo mantenerse actualizado, diseñar e impartir una clase y proyectar una imagen profesional impecable día con día?

No podemos ignorar que muchos de nuestros profesores se preocupan por nosotros, comprenden que tenemos vidas fuera del aula y, sobre todo, se empeñan en que tengamos las herramientas necesarias para llegar a ser los profesionales de éxito que tanto buscamos. Sin el afán de glorificar a cada profesor, les invito a cuestionar nuestras acciones, que lo bueno sea correspondido y lo malo comunicado. 


Fernanda García Rosales  

Jefa de Aztecas

fernanda.garciaro@udlap.mx