El olor del perfume de tu cumpleaños,
el olor del café del que me acostumbré en estos años,
serías irresistible,
a quién, como yo, te vea.
La inmensidad de la decepción me supera;
si quisiera lastimarte, bastaría con pedirte que me vieras.
Ningún escudo resistiría una bomba,
y el mío, que apenas es de papel,
se azotaría de la manera más tonta.
Ni desenfundando mi mejor sable
dejaría de correr de mí tanta sangre.
Armando Toribio Jiménez.
armandotoribiojz@udlap.mx
Reportero del lado altero