Espinas de Nopal

Anduve hasta derramar dolor.
Con mi última bocanada de aire
respiré mi ceniza, su ceniza, y la de ellos:
el polvo exterminador
que, desde mi concepción,
he aspirado.

¿Qué no ve lo que ha tirado?
El sorbo del agua pura no existe,
el horno de pan caliente ya no huele...
¿Es que a usted no le duele?

Búrlese de mí otra vez, si quiere.
Empedrado está este aire.
¿No ve que no hay nada en este valle?

Miré que ayer recogí lo sembrado:
de espinas, mis manos.
Lo poco que puedo vender,
de compañero, mi hijo,
porque él sí sabe leer.

Usted diga que es quejumbre,
que aquí le tengo espacio,
con mi comida y lumbre…


Armando Toribio Jiménez.
armandotoribiojz@udlap.mx
Reportero del lado altero