Identidades Políticas  

¿Cuándo es adecuado hablar de política? ¿Qué espacios son los correctos para cuestionar nuestra burbuja? ¿Y qué tanto debemos politizar los temas?  

En los hogares mexicanos existe una tradición histórica respecto a los temas de conversación en la hora de comida: ni religión, ni deporte, ni política. No obstante, la extensión de esta idea está permeando dentro de los espacios públicos e incluso en las aulas. La comodidad que nos ofrecen nuestras posturas políticas nos deja ciegos ante otras realidades, limitando la retroalimentación a nuestro “sentido común”. Ante una ola de ideales conservadores en el mundo como: Italia, Estados Unidos o Hungría, es necesario replantear la recepción de opiniones que moldean nuestra identidad política.  

La gran palabra con P: política, suele venir acompañada de una imagen de desconfianza, corrupción y desconexión con la población. Considero que la sociedad ha acordado un hartazgo hacia la burocracia que envuelve la política, iniciando con “todos son iguales” y terminando con un “pues ya qué”. ¿Acaban ahí los ejercicios políticos del ciudadano? No. En un contexto democrático fundado en la participación, la intervención ciudadana necesita ser constante. Así mismo, es fundamental replantear espacios públicos para una enseñanza multilateral. Entre cuestionamientos y respuestas se encuentran convenciones y nuevas ideas sobre los temas. Es pertinente hablar de política siempre que estemos dispuestos a escuchar y argumentar apropiadamente.  

Nuestras identidades tienen que estar acompañadas de la responsabilidad de cuestionarnos sobre la naturaleza de ellas. ¿Por qué soy como soy? No es culpabilizarnos respecto a nuestro ser, es entender los privilegios y capacidades que tenemos. Nuestra familia, nuestro estrato socioeconómico, incluso redes sociales como TikTok, nos moldea todos los días y a nuestras concepciones. El grado de sus efectos lo regulamos nosotros, y los momentos de silencio que nos acompañan en nuestro día, son el perfecto espacio para reflexionar sobre ellos. Y si nos incomodamos con nuestros silencios, ahí hay un punto de partida para nuestra deconstrucción; los medios de comunicación ofrecen una sobreestimulación de información que nos encapsula, perdiendo noción del tiempo y del contexto. 

Tenemos que ser críticos de nuestra dependencia a ellos.   

Entender la política no es sabernos todo el orden de gobierno o las leyes, en mi opinión, es reconocer la necesidad humana de organizarnos con los demás.  Por lo tanto, las relaciones y discursos humanos están sesgados por una organización, a veces difícil de dimensionar, pero con efectos muy prácticos. Es importante hacer explícita la estructura o sistema al que estamos suscritos, voluntariamente o no; para hacer política en comunidad y que nos permita hacer un cambio efectivo; eso es politizar. 

Cuando cuestionas a tus profesores, autoridades o mentores sobre el motivo detrás de su razonamiento, no estás creando conflicto, estás politizando y deconstruyendo las relaciones sistemáticas. Las identidades rígidas en base a narrativas de partidos políticos, estados o naciones refuerzan estructuras de control.  

Concluyendo, la integración de nuestra identidad es como construir una casa: tú decides cuántos muros, puertas o ventanas colocas; cuántas personas dejas entrar y escuchar. Crear consciencia sobre la influencia de medios, autoridades o relaciones sociales es imperativo para la mejora de estas. Tomemos control sobre nuestras identidades, recuperando espacios para el diálogo y no para la censura. No tengamos miedo de la política, y expandamos su ejercicio. Politicemos.  

Eder Martínez Tinoco

Reportero de Opinión 

eder.martinezto@udlap.mx