Autora: Naomi Márquez Coeto
Ya casi hace un año desde que perdí a mi mejor amiga, más bien, a mi hermana. Fue algo que no
supe cómo procesar, pues para empezar no fui la primera en enterarse de la noticia, sino que la
ausencia de su tranquila presencia en la casa hizo que se sintiera aún más vacía y fría de lo que
normalmente era.
Jamás supe qué le sucedía, solo a veces la veía demasiado callada, con los ojos cerrados como si
estuviera dormida y con sus patitas escondidas.
— ¿Te sientes bien? — Le pregunté.
— Sí, solo… Me duele un poco.— Me respondía en voz baja.
No sabía cómo podía ayudarla, maullarle a mi dueña probablemente no iba a funcionar, seguro iba
a pensar que tengo hambre o que quiero salir a la calle, que no es que no quiera, pero no era lo que
necesitaba, sino que pudiera socorrer a mi hermana. Al tiempo su malestar se iba y volvía a ser la
misma pelusa blanquecina que me molestaba. Así varias ocasiones hasta que su delicado cuerpo
ya no pudo más.
Días antes de que yo me diera cuenta de lo que había sucedido, ella se había ido de la casa, pero
no me di cuenta porque estaba dormida, pero de haberlo hecho tal vez la acompañaba, solo para
que no se sintiera tan solita a la hora de partir. Sin embargo, ella sabía que le quedaba poco tiempo,
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por lo que noches atrás hablamos en nuestro lugar favorito para descansar: Una almohada que
compartíamos frente a una pequeña ventana.
— ¿Isma? — Preguntó
— ¿Mh? — Respondí, tenía un ojo cerrado y uno abierto, tratando de dormir.
— ¿Me prometes que no me dejarás pronto? Y si lo haces… me dirás para irnos juntas
¿Verdad?
— ¿Qué dices? — Me reí, estirándome en mi mismo lugar. — No me iré pronto, pero si lo
hago claro que te llevaré conmigo, eres mi mejor amiga, eres mi hermana ¿No es así?
Nonor hizo una pausa, mirando hacia la luna que nos saludaba desde lo más alto, después
se acomodó a mi lado para dormirse.
— Así es. Entonces es una promesa, nos quedaremos juntas y si nos vamos, nos iremos juntas.
Pero me mintió, pues se fue y no me llevó con ella ¡Ni siquiera me avisó! Peor aún me dejó con
una carga muy pesada: consolar a nuestra humana. No entendí en un principio por qué estaba
llorando en las escaleras, balbuceando palabras sin sentido, abrazándose a sí misma, destrozada
por lo que le había sucedido a mi amiga. ¡Oh, pobre niña! Es el día en que aún no sé cómo darle
paz a su corazón cada que siento la extraña, solo puedo meterme en sus piernas y quedarme como
su guardia hasta que deje de dolerle su partida, de paso que también me deje de doler a mí.
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Y así lleguen más mininos a la casa, ninguna es ese copo de nieve con ojos azules y cola que
parecía de lémur. No lleva ni siquiera un año desde que se fue, me pregunto si en algún momento
dejará de doler o la olvidaré, pero tampoco es algo que desee, es por ello que cada tanto en las
noches le maúllo a ver si me responde, aunque sea desde es más allá. Seguramente ahora debe
estar descansando en el Mictlán, y ya pronto nos vendrá a visitar. Sin duda, sabré que vino cuando
escuche un maullido agudo fuera de la ventana rota en la cual solía asomarse cuando quería entrar,
entonces, yo le diré a mi dueña para que así le pueda abrir y la deje pasar. Nuevamente estaremos
las tres juntas en su cama, aunque sea por una noche antes de que regrese junto al viento gélido
que trae consigo el día de los muertos, después, tocará esperar otro año hasta que regrese y solo
pido a los dioses gatunos que el tiempo pase rápido para poder volver a ver a mi preciada hermana.
Sobre la autora: Naomi Márquez Coeto
Carrera: Diseño de información visual
Semestre: séptimo
Intereses: ilustrar, pintar, tomar fotografías y conocer cafeterías