“De ser dueños de la tierra ahora necesitan permiso para entrar a lo que eran sus tierras”
dijo Melissa Schumacher González en entrevista.
En el artículo Naming as Resistance: Nahuatl Toponymy and Territorial Dispossession in San Antonio Cacalotepec, Mexico (https://doi.org/10.3390/land15010176) redactado por Melissa Schumacher González profesora e investigadora de tiempo completo en el Departamento Académico de Arquitectura de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) y miembro Nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores SIN-Conachyt presenta los topónimos nahuas como una poderosa herramienta de resistencia indígena. Publicada en febrero de 2026 por la Colectiva Hilando Territorios, esta investigación surge de talleres participativos con mujeres nahuas de Cacalotepec, en San Andrés Cholula, Puebla, donde el bordado de mapas revive nombres con los que la comunidad creció e identifica las zonas de Angelópolis que hoy conocemos con nombres “fancy europeos”.

Figura 1. Bordado cartográfico sobre San Antonio Cacalotepec, usado para documentar la memoria territorial y los topónimos náhuatl. Fuente: Naming as Resistance: Nahuatl Toponymy and Territorial Dispossession in San Antonio Cacalotepec, Mexico, revista Land
Melissa Schumacher, en entrevista realizada el pasado 13 de abril, detalla los orígenes de su enfoque interdisciplinario y su primer acercamiento con el campo mexicano; formada en Arquitectura por la UDLAP, con Maestría en Urbanismo por la Universidad Politécnica de Cataluña y Doctorado en Ingeniería, con especialidad en Gestión Territorial, en la Universidad Técnica de Múnich. Aunque su trayectoria comienza con un interés académico formal, sus raíces rurales marcaron su camino: “Mi familia paterna tiene una hacienda en el Estado de México (…) mi papá era el primero que me hablaba sobre temas rurales, las problemáticas con los campesinos, la tragedia del campo mexicano”, impulsándola a enfocarse desde la escala humana de la arquitectura hacia la gestión territorial, incorporando antropología como su segunda licenciatura tiempo después. Describiéndose como “antropóloga de clóset” que enriquece sus estudios etnográficos y cosmovisiones indígenas dentro de narrativas arquitectónicas abriendo el espacio a una coproducción de conocimiento territorial.
Sobre la tragedia del campo mexicano en Cacalotepec, Melissa Schumacher explica cómo el despojo por la urbanización afecta la vida de comunidades que antes eran dueños de la tierra y deteriorando su entorno, de tener milpas con agua limpia a servicios precarios. “Pasas de la milpa al ladrillo (…) tu propiedad, tu suelo, tu mundo va a ser urbanizable”, lamenta Schumacher, citando la segregación donde exdueños necesitan “permiso para entrar” a sus tierras. Obligados a emplearse como limpiacoches o empleadas del hogar de lugares que solían pertenecerles. Este territorio de sacrificio refleja planes “de escritorio” que ignoran habitantes indígenas.
El proyecto inició en un taller que evaluaba planes urbanos, una de las asistentes hablante de náhuatl nombró los espacios perdidos como eran conocidos por sus pobladores antes de que fueran despojados por el Gobierno del Estado de Puebla en la década de 1990 para ser transformados en el proyecto inmobiliario de Angelópolis. Melissa comentó “Yo nunca había escuchado a una persona hablar náhuatl aquí en el entorno cholulteca. (…) hablando justo de sus espacios como se llamaban, antes de que tuvieran nombres de fraccionamiento fancy europeo”. Este suceso inspiró la elaboración de un mapa bordado que nombrara los lugares importantes y cómo estos se veían antes de la urbanización de la zona, en conjunto mujeres nahuas, estudiantes de la UDLAP y profesoras de Antropología y Arquitectura cosieron historias de despojo, usando la manta como una herramienta viva y actualizable.
En este sentido la toponimia emerge como forma de resistencia, recuperar nombres revive la memoria colectiva de la zona. “Antes se llamaba Chalma, antes se llamaba Bosito (…) en la memoria de sus habitantes ese paisaje con esos nombres aún existe”. Las cosas que no se nombran desaparecen y el nombrar ayuda a reflexionar cómo se ha usado el espacio, a quién le ha pertenecido y a pensar en las historias que se han vivido en él. Por ello, el nombrar ayuda a preservar la memoria colectiva de una comunidad que ha sido violentada y despojada.
Melissa Schumacher destacó la importancia de la alfabetización urbana como forma de resistencia, conocer mapas y usos de suelo empodera a la comunidad de Cacalotepec frente al aumento del predial y al racismo institucional que enfrentan. “Información es poder (…) para la próxima vez que vayan al ayuntamiento”, afirmó, dotándolos de herramientas para defenderse del despojo que el Estado legitima mediante oficios complejos y terminología confusa que desorienta a cualquiera. Asimismo, criticó a funcionarios que perciben a las personas indígenas como “los que solo dan problemas”, afirmación que reduce a una población que ha sufrido múltiples violencias a lo largo del tiempo. Subrayó que construir confianza con una comunidad que abre las puertas de sus hogares requiere hechos concretos y constancia, no promesas vacías.
Finalmente, Schumacher critica modelos tradicionales “de escritorio” que no contemplan el “factor humano” ni cosmovisiones indígenas, cuestiona “¿por qué no aprendemos de ellos?” fusionando las visiones comunitarias desde la lógica de planificación inspirada en las prácticas de los lugares. Invitando a sus estudiantes a bajarse del “ego del arquitecto” para así rediseñar con la comunidad y dándoles esperanza de que “otros mundos sí son posibles” desde el repensar lo que el territorio necesita. Esta investigación, alineada a su ruralismo participativo, posiciona a Schumacher como referente en gestión territorial viva.
Entrevista elaborada por la estudiante de la doble Licenciatura en Relaciones Multiculturales y Antropología,
Montserrat Ledesma Farfán
ID: 173662