Querida Fátima:
Conocí tu historia. La contaron en un documental, Querida Fátima (2026). Pero la conocí a través de las palabras y la voz que te dan tus seres queridos y quienes acompañan a tus padres a contarla una y otra vez. Increíble que, con tal atrocidad, con tal injusticia, con tal impotencia y tantas cosas tan terribles, puedan ellos tomarla para transformarla en esperanza.
Cada lágrima de tus padres se siente como una espina en la garganta:
“Mi niña, seguramente pedía a gritos que fuera yo a ayudarle.”
“Esta lucha se va a acabar el día que nos muramos.”
“Tratar de volver a vivir.”
“No hicimos nada.”
“Casi ya no puedo confiar en el mundo.”
“Movieron la ropa de lugar. Las Inconsistencias eran una pesadilla.”
“No estuvimos presentes en las audiencias en las que se juzgó a los culpables.”
“Solo hasta ese entonces nos enteramos de todo lo que te habían hecho.”
“Nunca van a reparar el daño.”
“Mientras no haya justicia el dolor sigue.”
“No estamos unidas, hemos dejado que los egoísmos y las envidias nos ganen.”
“Las matan porque pueden, porque no habrá consecuencias.”
“Quiero ser digna de ti.”
“Viva en la memoria.”
“Yo sé que en algún momento me van a matar, pero me iré orgullosa.”
Como un arder en la cabeza, el documental sumó a la conversación críticas hacia el gobierno, que como siempre, no nos defrauda para serle fiel a su cinismo; y poner como principios la corrupción, la ineptitud y el machismo. “A quienes les pagamos para que nos cuiden, crían este tipo de monstruos” nos recordó tu madre. ¿Cuándo dejaremos de endiosar a las autoridades que nos ignoran, y empezaremos a exigirles como lo que son, servidores públicos?
Mientras tu madre se encuentra firme frente al palacio de gobierno y la señora presidente se prepara para dar su discurso sobre cómo si ella llegó al poder, todas llegamos, suena el himno nacional. “Un soldado en cada hijo te dio”, un cobarde en cada hijo nos dio porque seguimos permitiendo que estas cosas pasen. Tu mamá cuenta a todas las que no llegaron, más de 30 mil niñas. “Ya no quiero contarlas más” dice.
En las escenas en las que vemos tu lápida, se alcanza a leer tu fecha de nacimiento, en el año 2002. Ahora podrías ir o estar saliendo de la universidad como muchas de nosotras. No dejo de pensar que tendrías tan solo un año más que yo y me cuesta mucho asimilar que tus padres estén ahí frente a una audiencia de la cual tú y tu hermano (por quién también luchan) deberían ser parte.
Fátima, tu mamá dice que hay veces que se mira y no le gusta lo que ve, porque se encuentra enojada y se encuentra gritando. Yo creo que todos deberíamos encontrarnos igual. Aunque no nos guste esa versión nuestra, se vuelve necesaria para que entonces, esa posibilidad de que las cosas cambien se convierta en una realidad.
“La justicia se construye escuchando” decía una de las pancartas en forma de silueta que llevaron a la proyección. Me dejó pensando en todo lo que nos falta por escuchar y la mucha cobardía que nos sobra para hablar. “Hasta que la dignidad se haga costumbre”, dicen en tu documental.
Fátima, el escuchar a tus padres para mí fue un recordatorio de que en esta realidad en la que vivimos, yo no quiero ser parte de los que callan. Quiero, como tus padres y la producción de esta pieza, gritar de lo que está mal. Y si algún día ya no estoy, quiero como tú ser el alma de quien se atreve a hacerlo.
Tus padres nos recordaron que necesitamos de la cultura y las artes. “Un documental no puede cambiar el mundo, pero puede ayudarnos a pensar cómo hacerlo”.
“Lo logramos porque nunca nos rendimos” dijo tu papá, “ya están sentenciados”. “Si se puede luchar con esto de las leyes” “Porque tienen que pagar”.
Fátima, tus padres luchan por ti, por tu hermano, por justicia, por un sistema más digno, por México y por todo por lo que debemos luchar. En el camino hablan a otros a quienes despiertan y a quienes inspiran para hacer lo mismo. “Hasta que la dignidad se haga costumbre” y haciendo real “la posibilidad de que las cosas cambien”.
Gabriela Huitrón García,
Editora en jefe
gabriela.huitronga@udlap.mx