Aficionados al Veneno

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Imagínate que un día compras una bebida en una cafetería y después de tomarla te sientes terrible: te enfermas, te duele todo, te sientes desganado, mareado y confundido. Luego de investigar, descubres que la bebida es tóxica para ti. ¿Seguirías bebiéndola aunque te hiciera daño? Probablemente no, la elección es bastante simple. Sin embargo, cuidar nuestras emociones nunca es tan fácil como cuidar de nuestra salud. Dejar ir a las personas tóxicas en nuestra vida puede ser una tarea casi imposible.

El problema, en muchos casos, es que nos negamos a aceptar que alguien nos hace daño. Personas tóxicas, por desgracia, las hay muchas y tan variadas que a veces son difíciles de distinguir. No sólo una pareja, sino un amigo que nos traiciona y se excusa con una sonrisa, un conocido que nos pisotea con comentarios casuales, un familiar cuyos comentarios siempre parecen destinados a darnos justo donde más nos duele.

Estos daños son generalmente tan constantes y en pequeñas dosis, que es como si desarrollásemos un nivel de aguante. Nos acostumbramos a vivir y funcionar con esa toxicidad como si fuese normal, como adictos que no se percatan del problema hasta que han tocado fondo. Hasta que la toxicidad de la relación es tan espesa y tangible que amenaza con ahogarnos.

Una vez que somos conscientes de que una relación está envenenada, destinada a lastimarnos más y más, debemos elegir entre luchar por nosotros mismos o dejarnos pisotear. Muchas veces nos detiene el miedo al rechazo, el temor a no saber funcionar sin aquella relación, por más tóxica que sea. Como todas las drogas o el alcohol, nos vemos divididos entre el querer la “parte buena” de alguien más y el daño que nos hacen. Otras, tememos el efecto que la “pérdida” de aquella relación tenga en nosotros o en nuestro entorno.

Al final, la toxicidad tiene un precio, un límite, después del cual a todos sólo nos queda preguntarnos por qué el pobre desgraciado del ejemplo no dejó de beber aquello que lo envenenaba, hasta que fue demasiado tarde. La vida es mucho más sencilla sin veneno.

SOFIA MARLASCA COUOH

sofia.marlascach@udlap.mx