El Colmillo de Hermes
La victoria del partido “Justicia y Desarrollo” (AKP) en las elecciones municipales, le dan un cruel cubetazo de agua helada a la creciente fracción estudiantil en descontento con las medidas autoritarias del primer ministro Erdogan.
El pasado domingo 30 de marzo, AKP el partido del primer ministro turco, arrasó una vez más con las elecciones, ganando con un 46 por ciento de los votos y haciéndose de Estambul y Ankara; las dos ciudades más importantes en cuanto a beneficio electoral se refiere. Ahora bien, no entiendo cómo, a pesar de los desplantes despóticos del mandatario turco, el bloqueo ilegal a redes sociales y las medidas gubernamentales para fomentar el islamismo, incluso en las dependencias gubernamentales, es posible que AKP pueda ganar las municipales con un margen tan amplio. ¿Dónde está el voto de castigo para Erdogan y su visión de una Turquía con ínfulas de Imperio Otomano? La dicotomía de una Turquía islamista, pero con una política exterior encaminada principalmente a su adhesión quimérica a la Unión Europea, es ya una imagen incongruente que pasa desapercibida por el ímpetu de su cotidianidad. No se ha cumplido ni un año de las revueltas en torno a la plaza Taksim y el despliegue de fuerza por demás enérgico que aplastó vorazmente ese millar de estudiantes turcos, escudados con cubrebocas y banderas con el rostro de Kemal Atatürk. ¿Dónde reposó la conciencia colectiva ese domingo de sufragios? ¿Acaso diez años de Erdogan en el poder no son suficientes? Lo que es evidente es la progresiva polarización de la sociedad turca, atizada por las irregularidades y corruptelas de las que la administración casi autocrática de Erdogan es constante protagonista.
Tampoco es mi intención restarle mérito al mandatario turco, efectivamente ha tenido logros tanto en materia de política exterior como en política económica. Quizás lo más loable es el logro de contener la intromisión del ejército en la política, situación que subyugaba la política doméstica desde la fundación de la república turca. Sin embargo las medidas conservadoras y religiosas que se han impulsado durante su mandato, si bien han sido paulatinas y cuidadosamente implementadas, no dejan de resquebrajar la visión pro occidental que muchos de los jóvenes buscan de su país y que sin lugar a dudas ha otorgado un aire de modernidad y democracia en la península de Tracia y Anatolia. Creo que simplemente queda observar la reacción de sus amiguitos de la OTAN ante una Turquía cada vez más islamista, autocrática e intolerante a la alternancia. Veremos si el beneficio militar y comercial que implica tener a Turquía como amigo es suficiente como para obviar todos estos hechos.
José Luis Arellano Zuradelli