"Estábamos en el paraíso. En el paraíso no ocurre nunca nada. No nos conocíamos. Eva, levántate"
Jaime Sabines, en su "Recuento de Poemas 1950-1992", reviste a la poesía con la sencillez de un cuento narrando las vivencias de aquellos hombres bíblicos. De repente, las líneas del escrito son destiladas con suavidad, y con la ternura exactamente requerida para mover las fibras de la arena y el hálito de las nubes. ¿Queremos descubrir si somos humanos? Basta con repasar atentamente un pasaje… si una sonrisa se nos escapa, habremos comprobado nuestro instinto.
La sensibilidad precisa para presentir lo acaecido en el eterno inicio del correr humano sólo pueden intentar explorarla personas de ingenio, tan primerizas como Adán y Eva; tan últimas como cualquier humano finito, como toda estrella y el polvo gris del tiempo. Es novelístico, el ejercicio mental de repensar la vida en un sitio sin nada más humano que dos cuerpos carentes de vergüenza, solos, dejados a la libertad como quien sopla al viento, como el silbido de un creador a una esmeralda sostenida en el espacio vacío, complaciente con la vida.
MARCO ÁRCEGA
marco.arcegaca@udlap.mx