«Persigan su felicidad, incluso si su concepto de felicidad entra en conflicto con el de alguien más.»
Esta publicación marca el fin de una de las mejores etapas de mi vida: haber tenido el privilegio de ser columnista de La Catarina durante seis semestres. No estoy seguro de cuántas columnas mías fueron publicadas, pero yo calculo que poco más de unas 90. ¿Y saben algo? Si me dieran la oportunidad de hacerlo de nuevo, lo haría un millón de veces más. No cambiaría absolutamente nada.
Lamentablemente, no puedo escribir que “ya no tengo nada que decir”, pues estaría mintiendo. Y es que la realidad es que vivimos en un mundo interesante en el que su misma naturaleza dinámica y diversa implica que siempre habrá cosas que comentar. Y, verdad sea dicha, algunas de ellas serán temas incómodos. La crítica es incómoda cuando se es objeto de ella.
Mi intención jamás fue criticar por criticar. Podrán algunos decir que “qué hueva” conmigo, o decir que solamente andaba buscando cosas malas para escribir. Sin embargo, lo que me gustaría que entendieran es que cada célula de mi cuerpo honestamente cree que la crítica en cualquier contexto es necesaria y es saludable.
Verán, escribir es mi pasión y por alguna razón que aún no logro descifrar del todo, siento una necesidad desbordada de querer mejorar el mundo en el que vivimos. Es por ello que en mis columnas uní estos dos aspectos de mi vida, escribiendo contra lo que consideré injusto o incorrecto.
Soy consciente de que yo, como cualquier otra persona, no tengo respuestas absolutas. Al final, lo único que puedo esperar es que mi opinión sea recogida por otros y eso tal vez impacte de alguna forma sus vidas. Tal vez estoy exagerando y estoy sobredimensionando el valor de mi labor como columnista, pero ese es un riesgo que estuve y sigo estando dispuesto a correr.
Por tanto, si hay una última cosa que quiero decirles, como conclusión de AMICUS CURIAE, es que persigan su felicidad, incluso si su concepto de felicidad entra en conflicto con el de alguien más; y finalmente, por favor no limiten su existencia, exploten al máximo su potencial apasionándose por lo que hacen, créanme que el mundo agradecerá que haya más gente intensa.
RUBÉN ALVAREZ E.
ruben.alvarezer@udlap.mx
