Puebla hace 100 años

El tiempo no es una entidad autorregulada, no se inventa a sí misma y ni conocimiento certero posee de su devenir. Más correcto sería decir, es nuestra percepción la auténtica forjadora de tan impetuosa necesidad de saber que ayer fue anterior a hoy y que mañana quizás no estaremos aquí. Así, el tiempo existe porque nosotros los hacemos; y dada nuestra naturaleza que añora controlar su entorno, encarcelar bajo su dominio hasta lo intangible, es propio creer que por contar los días, las horas y los años estaremos más seguros, menos arrojados al flujo de nuestros miedos y ansiedades. De lo anterior se deriva, entonces, que el estudio del pasado resulte atractivo para nuestro conocimiento, pues de aquél podemos aprender con miras a sobrellevar el ahora y a mejorar el futuro, consiguiendo así un mayor dominio de la incertidumbre que nos espera a cada paso. Pero no todo debe ser tan meticulosamente calculado, pues pienso también que debe ser la simple curiosidad una incitadora muy válida para que procuremos descubrir lo que el polvo del pasado puede mostrarnos.

El libro de Orestes Magaña coincide con las intenciones de los curiosos, novatos y serios historiadores que buscan la sencillez de conocer, con algo de nostalgia, cómo era una sociedad y una ciudad que invariablemente es bisabuela de todos sus actuales herederos y habitantes. Se trata de un estudio que procura otorgar a los lectores de manera sucinta conocimiento ricamente descriptivo y hasta novelesco. Siendo muchos de nosotros poblanos de nacimiento (o foráneos enamorados dePuebla) no caería de más viajar a los años prerrevolucionarios, recreando toda una realidad ahora extinta con la que reconozcamos nuestros lazos ascendentes, al tiempo que nos demos la oportunidad de adquirir una nueva visión sobre la que podamos obtener una opinión personal respecto a una de las épocas más peculiares de nuestra historia como mexicanos: el Porfiriato.

Marco Árcega C. 

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