Sinfonía no. 11 “Mikistli”

Autora: Ainhoa Hannait Campos Muñoz

Me encontraba ahí. Al fondo de aquella plaza gozando de mi música cuando unas pequeñas 

campanas complementaron la armonía. Volteé impetuoso en busca de la autoría de esas 

lejanas vibraciones y te encontré a ti; radiante tras ese teclado. Cientos de dudas llegaron a 

mí a la velocidad de tu luz, pero hubo una que perplejo me dejó ¿Qué podría hacer yo con 

este mi pequeño trombón para llamarte a ti con este mi gran sentir? En eso, las notas 

comenzaron a flotar en pequeñas nubes que poco a poco lograron rodearte hasta que esos 

adorables ojos achinados captaron por primera vez el contorno de mi rostro. Fue así como te 

conocí.

Sin saber nada, pero anhelando todo, tomé el intrépido y pasional camino del amor que me 

llevó a sujetar tu delicada mano en cada atardecer. Día a día nos fuimos volviendo parte del 

otro, nuestra historia comenzó a construirse ante el paso del tiempo. De pronto, nos 

encontrábamos en aquella puesta de sol que mi mente se niega a dejar de repetir. Reíamos 

entre besos deseando que los granos de arena de algún reloj comenzaran a tocar suelo de 

forma pausada. Extendiste tu mano, un pequeño pergamino estaba envuelto entre tus finos 

dedos. Me abrazaste y contento me despedí.

“En algunos momentos me gusta pensar que la vida es una pequeña pieza en 

la que debe haber un balance armonioso. Por lo tanto, espero que los segundos 

que aparezcamos en la obra del otro sean una mezcla intensa de ritmo, verso 

y musicalidad. Con más cariño del que la tinta puede derramar sobre un 

papel, Tiannah.”

El timbre sonó, tu padre se encontraba tras la puerta. Me pidió que lo siguiera dirigiéndome 

hasta tu habitación. Estabas ahí, con frío y envuelta entre enredaderas de flores rojas que 

salían de tus brazos. Sin saberlo, terminarías con los compases de tu vida al caer de la noche.

2

Me negué a ver con objetividad la cruda realidad, las pecas de tu rostro ya no serían más mis 

diminutos rastros de luz. La tonalidad de mi vida había cambiado súbitamente ¿Tan solo mi 

presencia no te hizo dudar ni un poco en tu decisión?

Desearía que me hubieras contado, que te hubieras comunicado. Acordamos siempre hablar, 

no dejarnos ir fácil porque somos un poco más, porque juntos éramos un poco más. Ya no 

quiero llorar así, ya no quiero seguir lastrando sobre mis hombros todo este mar de 

sensaciones. Lucho para sobreponer mi cabeza ante el agua pero una ola me lleva a la 

profundidad gritándome que no elegiste nuestras tardes llenas de risas que se transformaron 

en bellas obras. Esa ola vocifera que nuestros roces eufónicos no fueron más que simples

roces de meñiques para ti.

Realmente me esforcé por entenderte. Día y noche busqué una justificación para tu decisión. 

Yo que siempre te percibía tan llena de vivacidad, supongo que de algo me perdí. Poco a 

poco logré encontrar confort en mis pensamientos, tu historia se había llenado de cientos de 

crescendos y accelerandos. Pero en una pieza nada brinda más paz que una sútil balada. Nada 

como un ritardando al ritmo del pulso cardiaco donde la nota se desvanece hasta que solo 

queda su eco. 

No puedo negar que hubo días que no entendía el porque de tu partida, tal vez tarde mucho 

en comprender que este siempre fue nuestro destino. Después de todo, entendí el significado 

de los para siempre de cliché. Para siempre en mis memorias, para siempre en mis recuerdos 

y para siempre el aprendizaje de haber unido tu vida con la mía. Fuimos la combinación 

perfecta de bajo y contralto, lamentablemente los conciertos no son eternos. Y tú y yo eso 

bien lo sabemos, pues poco se compara con el aplauso al final de un movimiento.

Cada noche tu ligera y melodiosa voz me acompaña con tus últimas letras. Siento en mi piel 

tu beso de buenas noches. Y cuando estoy a punto de caer dormido, me arropan tus brazos 

3

mientras me susurras al oído -anda ya a vivir tu vida, cachito de cielo, que yo por ti disfruté 

la mía-.

Sobre la autora: Ainhoa Hannait Campos Muñoz

A person taking a selfie

AI-generated content may be incorrect.Ainhoa Hannait Campos Muñoz o simplemente “Ai, Ainho, Noah, Hanna, Hanni o Hannis”, es una mujer que se caracteriza por su dedicación y valentía. Nació en mayo del año 2005 en la ciudad de Puebla. Desde muy joven ha presentado intereses artísticos destacando su pertenencia en Aguiluchos Marching Band. Actualmente tiene inclinaciones hacia el mundo de la tecnología en el área médica, por lo que se encuentra estudiando su tercer semestre en la licenciatura en Ingeniería Biomédica en la Universidad de las Américas Puebla.