Cargando saco ajeno – novena entrega

Mi jefe le decía a Magnolia el nombre de todos los jugadores, su posición, lugar de nacimiento y, si hubiera podido, hasta su CURP. Con el dedo seguía el recorrido de la pelota en la pantalla, explicándole con toda la emoción del mundo la «compleja» táctica del equipo: echarse todos para atrás y, de alguna manera, seguir perdiendo. Magnolia asentía con una sonrisa nerviosa, pero … Seguir leyendo Cargando saco ajeno – novena entrega

Cargando saco ajeno – octava entrega

En el suelo, yacían los restos de unos Sabritones a medio morder, bañados en salsa, como si fueran el tributo de los guerreros que habían caído en la batalla del sábado. Al levantar la vista, me encontré con una escena que me dejó perplejo. Ahí estaba mi papá, rodeado de al menos veinte hombres, todos gritándole a la tele como si fuera el árbitro, riendo … Seguir leyendo Cargando saco ajeno – octava entrega

Cargando saco ajeno – séptima entrega

Me senté en la banqueta, viendo cómo se acercaba la hora del juicio final. La banqueta, agrietada y llena de polvo, se sentía más cómoda que el sofá lleno de compadres gritones que había en la sala. Ya sentado, todo agüitado, vi cómo un carro se iba acercando despacito, sorteando los baches como podía. Era el carro del papá de Magnolia, un Mercedes Benz Clase … Seguir leyendo Cargando saco ajeno – séptima entrega

Cargando saco ajeno – sexta entrega

Pasaron los días y llegó el viernes. Recuerdo que hasta me salí de la escuela temprano para asegurarme de que la casa no estuviera patas pa’ arriba. No me olvidé de escribirle a Magnolia en otro cacho de mi libreta de ciencias naturales para decirle dónde vivía. Fui a las doce, haciéndome el afectado con una emergencia familiar. Como le caía bien a Don Camilo, … Seguir leyendo Cargando saco ajeno – sexta entrega

Cargando saco ajeno – quinta entrega

Sentí cómo me empezaba a sudar la frente otra vez, pero no por el calor ni por la caminata de treinta y cinco minutos que me había aventado, sino por pensar en qué demonios haría cuando llegara ese día. Magnolia me lanzó una mirada y me sonrió, como si no le importara ni tantito todo lo que pasaba por mi mente. Para ella, todo era … Seguir leyendo Cargando saco ajeno – quinta entrega

Cargando saco ajeno – cuarta entrega

Al entrar, la casa era justo como me la imaginaba. El piso era de roble, y sobre él, una alfombra roja con un mosaico blanco que se veía medio paupérrima para la familia que vivía ahí. Las paredes eran blancas, con detalles dorados en las columnas y cuadros espantosos de frutas al lado de jarras de vino, esos que en algún momento seguro pensaron que … Seguir leyendo Cargando saco ajeno – cuarta entrega

Cargando saco ajeno – tercera entrega

Me dijo que sí, tal vez por la presión social de todo el patio de la escuela mirando, o tal vez porque, pues sí, me quería. La cosa es que funcionó. Después de ese rato incómodo, nos fuimos caminando, bien románticos, al centro de Cholula, agarrados de la mano. Fue ahí cuando me soltó la bomba: quería presentarme a sus papás. Empecé a sudar frío. … Seguir leyendo Cargando saco ajeno – tercera entrega

Cargando saco ajeno – Segunda entrega

—Oye, Carlos —me decía, poniéndome la mano en el hombro como si fuera a darme un consejo de vida—, ¿por qué no les cuentas a mis amigos por qué prefieres andar dibujando monitos en vez de jugar al fútbol como Dios manda? Y ahí me tenían, plantado frente a esa bola de borrachos, aguantando la misma humillación de siempre. Mi papá no se cansaba de … Seguir leyendo Cargando saco ajeno – Segunda entrega